11 octubre 2013

09 octubre 2013

Un libro, una cita: Luis Sepúlveda.

- "Tal vez en aquel momento empecé a saber que el amor es una ingenua tentativa por nacer de nuevo".

- "...y allí lloré el primer llanto de hombre, presintiendo que se me abría un camino plagado de dudas, fracasos, dichas efímeras, los materiales de la catástrofe que, sin embargo, hacen posible la odiosa fragilidad del ser".

- "...Pero lo olvidaba rápido. Muy rápido. Los caballos desengañados no miran a los costados del camino".

- "Ya verá usted que en pocos minutos el tren se detendrá, de él bajarán los funcionarios con los papeles oficiales, los que nos dirán si usted sigue siendo un héroe o si, por el contrario, se nos ha puesto canalla últimamente".

- "..y verá que sólo en el trabajo libremente elegido se encuentra la satisfacción , y que sólo por él se adquiere el aprecio de la humanidad".

- "Todo poder corrompe".

(Desencuentros).

07 octubre 2013

El mundo desde la furgoneta: 5. No era fina sino estrecha.

La furgoneta se para delante de una chica delgada con el pelo teñido de rojo, hombros estrechos, unos 19 años y 6 ó 7 bolsas de tiendas de ropa.
Se ve que no tiene mucha costumbre de usar el transporte público porque pregunta y pregunta al conductor por el destino antes de montar. Es fina hasta el ridículo o hasta lo entrañable -habla medio árabe y medio inglés- y humilde -furgoneta, ropa barata del barrio armenio de Bourj Hammoud.
Todos la miramos cuando al entrar le dice sonriente al conductor: "Thank you very much". Después se gira y le pregunta al militar que hay detrás: "It's Ok?". Y éste, desempolvando el inglés y pensando estar ante una muchacha  extranjera, le responde: "E, thanks".
La chavalita mira a su móvil inteligente y exclama: "Shit! Oh, shit!"
Casi me dan ganas de preguntarle inquieto y con los ojos como platos: "What happens?"
Pero me corto. Serán mensajes que ella no había visto de candidatos al examen de novio.
El viento que entra por las ventanillas hace flotar su pelo, y sus mechones rojos rizados acarician el cuello de un tipo rudo que está encantado: es el viaje más agradable que ha hecho este año. La chica se da cuenta y se recoge el pelo con la mano pudorosamente: "Oh, sorry!"
El maromo sonríe y asegura con sinceridad que no le molesta en absoluto, lo cual aprovecha ella para iniciar una conversación: Acaba de hacer unas compras increíbles y no puede esperar a llegar al pueblo, si no se lo cuenta a alguien ahora mismo va a explotar: ella sabía que Bourj Hammoud era barato pero...es que ha encontrado una tienda donde todo vale 5.000 liras (2'50 euros).
Tiene ganas de enseñar las prendas, incluso mete la mano y hace ademán de sacar una: en la bolsa pone "lencería" pero en francés, que es más sexi, el fulano mira, yo miro, ella introduce su manita flaca, el fulano y yo mantenemos la respiración...ella se para, saca la mano vacía, dice "Ok" y prefiere seguir explicando oralmente.

Interrumpo la escena, "sorry", tengo que bajar, ella sale para que yo pueda bajar -en las furgonetas la gente se encaja como en los puzzles y cuando una pieza se mueve se produce una reorganización general-.
Y, al pasar, le digo a media voz: "Thank you".

05 octubre 2013

El mundo desde la furgoneta: 4. Beduinas, farloperos y comedores de acelgas.

Primero montan los niños, peleándose, empujándose para coger el sitio de la ventana; después, sus madres, beduinas que van de Beirut a Trípoli; la última lleva de la mano a un pequeñajo de un año con los mocos secos pegados. En total son 10 y, desafiando todas las leyes de la física y del espacio, ocupan 4 asientos.
Al conductor, admirado, sólo le falta decir: "Hala, si estamos todas, carretera y manta".
Arranca y pone a tope una casette de George Wassouf, el ídolo de la música siria, conflictivo y dicen que farlopero. A George Wassouf se le rompió la voz como a Sabina, y en ambos casos se agradece.
Tengo una foto con él en la sala de embarque del aeropuerto de Praga: George cantaba desplazándose de aquí pallí mientras hacía tiempo, parecía un poco tomao; todos los libaneses lo miraban cuchicheando con caras de reproche, como comentando sus vicios y su mala cabeza...pero todos, de uno en uno, de dos en dos, acababan acercándose a él para hacerse una foto. Yo también lo hice, una foto con George Wassouf para agrandar mi colección friqui: tengo fotos con Aznar, Iñaki Perurena, José Saramago, Fernando Arrabal, Miguel Indurain..., como ven, no discrimino. La foto es patética: está borrosa y George mira hacia otro lado.
En todo caso le di las gracias al mánager, simpático, calvo y con coleta, que sin duda estaba más dotado para conseguir conciertos, sustancias y zorras que para el arte de Daguerre.

En esto pensaba yo cuando un militar delante de mí le pide al conductor que baje la música.
Sin duda os habéis fijado en que cada vez que alguien pone música en un lugar común hay otro alguien que un segundo después le dice que la baje, independientemente del volumen inicial, la calidad y estilo de la música y esté el antimúsica haciendo algo que requiera concentración o no: es gente que confunde la música y el ruido, incapaz de apreciar melodías; gente que prefiere el sonido de un móvil o una conversación sobre el apasionante tema de si a las acelgas hay que echarles sal o por el contrario no. Me pregunto qué hacen en su tiempo libre, me interrogo sobre si la sensibilidad se puede educar en la edad adulta, y, parafraseando a los Violadores del Verso, me cuestiono sobre la más que probable relación entre vicios y placeres.

Cuando ya me disponía a meditar sobre el futuro de ese pequeñín mocoso y pobre, resulta que me toca bajarme y empezar a andar.

03 octubre 2013

El Mundo desde la Furgoneta: 6. Fiesta Salvaje.

Esta noche hay fiestón en la fregoneta, lo noto nada más entrar: el conductor ha incorporado un aparato de DVD para deleite de los viajeros y de él mismo; ha puesto un vídeo musical casero de ésos que venden en el zoco, grabados en bodas sirias y donde se ve a la gente bailando ritmos orientales con mayor o menor salero. Éste en concreto debe de proceder de algún pueblo perdido de Siria, Jordania o Irak porque en la fiesta hay sólo tíos gordos que levantan al novio a hombros, le besan las mejillas (si no fuera por la música se oiría chuuuik), mueven el culo con frenesí y disfrutan lalilolaaa... Ni rastro de la novia. Ahí está todo el pueblo, los primos, los vecinos, sudor a raudales, alegría, rabadillas peludas, desenfreno. Menos mal que no he cenao.
El conductor lo tiene puesto a volumen brutal y le echa más vistazos al vídeo que a la carretera.

Frenazo. Se acabó la fiesta, hay un accidente en la carretera, la policía ha cortado el tráfico mientras el del seguro saca fotos del siniestro. El elemento que nos conduce apaga el vídeo; a su lado una señora con pañuelo en la cabeza y IPhone en la mano saca un cigarrito mientras observa el jaleo. Pa los nervios.

El policía nos hace gestos de que podemos pasar. Treinta metros después todo vuelve a su cauce normal: la música a volumen satánico, la furgoneta a 130 y los gordos a bailar, que un día es un día.

01 octubre 2013

El mundo desde la furgoneta: 3. En el líquido amniótico.

Es la hora de volver, la noche, el silencio dentro y el ruido ahogado de los coches fuera; a la derecha el mar iluminado por los edificios, y al fondo Beirut y una luna fina. Los reposacabezas de los asientos son rojos, recuerdan -el color, el silencio, la decadencia- a los burdeles de las películas españolas de directores tristes que hablaban de la guerra civil.
La libertad, la intimidad, también es viajar a oscuras y en silencio con gente callada, la luna fina, el tapizado rojo, el mar..., olvidado de todo y de casi todos, olvidado del inicio, del final, dentro de una furgoneta-vientre que marcha inmóvil por una autopista-mundo y se cruza, sin tocarlos, con veloces coches-espermatozoides.