"-Entonces no podré explicarte la magia del libro de Flatey, chico, del mismo modo que no podría describirle un cuadro de Rembrandt a un viejo mendigo ciego, una magnífica ópera de Wagner a un prestamista que hace oídos sordos a cualquier lamento, o la sensualidad de una joven prostituta marroquí a un eunuco carente de hombría".
(Viktor Arnar Ingólfsson).