12 mayo 2008

El error de Hezbollah-3





El Hezbollah está considerado por Estados Unidos como un grupo terrorista. No es muy significativo, teniendo en cuenta el hipócrita significado que ese adjetivo tiene para los acólitos de Bush.
Sin embargo en Líbano y en todo el mundo árabe gozaba de un merecido prestigio como movimiento de resistencia ante las continuas agresiones israelíes.
De hecho Hezbollah nació a principios de los ochenta para hacer frente a la invasión israelí. En Líbano son, por un lado, un partido político legal con varios diputados que han abandonado el parlamento al no reconocer al actual gobierno; por otro lado son una milicia armada, organizada y disciplinada que no ha podido ser desarmada con la excusa de que siguen siendo la única resistencia a Israel.
En julio de 2006 el estado sionista atacó Líbano para acabar con el Hezbollah, destruyó sus barrios y mató a más de mil personas, pero no consiguió su objetivo.
Al contrario, Hezbollah plantó cara al poderoso ejército de Tsahal e incluso salió reforzado del conflicto.
Desde entonces se les notaba “crecidos”, pretenciosos, agresivos, desconfiados, poco hospitalarios. Hace mucho que no visito sus barrios debido al control asfixiante con el que reciben al extraño.

Su ideología es religiosa: es un grupo islamista proiraní, bastante radical, pero con una cierta tolerancia, hasta ahora, en un país tan cosmopolita y variado como Líbano, vanguardia del modernismo árabe, único reducto para la libertad de prensa y el progresismo.
Hezbollah es un estado dentro del estado, representa a una gran mayoría de los chiíes libaneses, tiene ejército propio, un sistema social, sanitario, educativo, medios de comunicación,…(pero, excepto el ejército, lo demás se podría decir igualmente del resto de los clanes de este país). Y están organizando su propio sistema privado de telecomunicaciones fuera del estatal.
Ante la amenaza de Israel y Estados Unidos, están obsesionados por su seguridad.

Sin embargo creo que acaban de deslegitimarse, de perder su reputación en el mundo árabe, al mismo tiempo que han terminado de aislarse internacionalmente (si exceptuamos Irán y Siria). Quizás han empezado un suicidio, han calculado mal las consecuencias, son los más fuertes en Líbano pero la situación que han creado tal vez no tenga marcha atrás.
Ante la parálisis política han pasado a la acción: han tomado incluso Hamra, corazón cosmopolita de Beirut, barrio comercial, de universidades, de mezcla de ambientes y religiones, bares, puteríos, hoteles…
Y también Hamra es el territorio de los sunníes de Hariri; han rodeado su palacio, han asaltado su periódico, han cortado su televisión y la han quemado, los han humillado en su casa.
Hezbollah se jactaba de no haber usado nunca las armas contra otros libaneses.
Es algo que a partir de ahora ya no podrán decir.




La situación-4





El miércoles comenzaron los disturbios en varias zonas de la ciudad en una jornada de huelga general por la mala situación sociopolítica y económica.
El jueves se convirtió en una pequeña guerra civil en Beirut oeste.
En el Beirut cristiano no ha habido disturbios hasta ahora. Los maronitas, divididos en dos bloques antagónicos, no han querido entrar en el juego, presentando el conflicto como una guerra entre sunníes y chiíes y no como el choque entre dos bloques políticos.
Ayer jueves la ciudad quedó dividida en dos, como en la guerra civil: en la parte oeste, combates entre Hezbollah y las milicias sunníes .
El ejército rodeaba la zona pero no intervenía.
Durante la noche del miércoles y la mañana del jueves fue la guerra, con ráfagas constantes, tiros de obús y mortero y la gente encerrada en sus casas.
Rápidamente Hezbollah ganó y Beirut oeste quedó controlada por milicianos encapuchados, armados, patrullando a pie o en moto. No ha sido una guerra salvaje, dicen que sólo 11 muertos hasta ahora.
Ayer era peligroso andar por la zona, había que esquivar los combates y andabas escuchando los tiros de obús y los disparos de ametralladoras; las calles estaban vacías, sin tráfico, sólo algún vecino por la calle, algún coche, muchos militares y muchos milicianos. Pero había que venir por muchos motivos: uno de ellos, aunque no el más importante, es que los beirutíes están acostumbrados a pertenecer a medio Beirut, o al este o al oeste. Yo soy extranjero, toda la ciudad es mía, no quiero que me quiten media.
Hoy viernes los milicianos han desaparecido de Hamra, hay un poco más de tráfico, más gente, algunos sitios abiertos. Se va volviendo a una aparente normalidad.
Normalidad falsa porque si no hay un acuerdo político nada se va a arreglar y porque todos los pasos entre Beirut este y oeste están controlados, desiertos, con barricadas, semicerrados. Han hecho 2 ciudades otra vez. Y en el barrio de Basta me han borrado las fotos dos hombres del Hezbollah muy agresivos: Prefiero no decir lo que me han dicho. Simplemente, no quieren fotos.
Ahora en un café de Hamra veo al primer ministro Siniora en la tele, con la misma cara de impotencia y estreñimiento que tenía cuando Israel invadió su país en el 2006. Otra vez intenta mostrar firmeza…y no lo consigue.
La gente no lo escucha demasiado en el café.

La libertad de expresión-5

Ayer Hezbollah asaltó y cortó las emisiones de la “Future TV”, cadena progubernamental del sunní Hariri; también quemó el edificio y cerró el periódico del mismo grupo.
Y recuerdo que la televisión del Hezbollah, Al-Manar, está prohibida en Estados Unidos y varios países europeos, por ejemplo Francia. Unos y otros muestran un desprecio total a la libertad de prensa, y eso aunque ninguno de los dos canales citados se distingan precisamente por su objetividad.
En la calle Hamra los periodistas de Al-Manar entrevistan a la gente. Debería darles vergüenza trabajar cuando su partido ha cerrado otra televisión.

28 abril 2008

Manuel.

Un día, sin saber por qué, la mala suerte se nos cruza en el camino y ya nada es igual.

Manuel tenía 22 años aquel día del verano del 2002. Había dejado la escuela a los 13 y trabajaba en la aceituna por temporada.
Su día de mala suerte llegó en un olivar andaluz, tuvo un accidente y perdió su mano derecha. Estuvo 3 meses en coma. Desde entonces no ha vuelto a encontrar un trabajo.

La historia es cierta, salvo que en realidad se llamaba Ali, el olivar estaba en Nabatiyeh, en el sur de Líbano, y la mala suerte tenía forma de bomba de racimo colgada de la rama de un olivo.

“Las minas antipersonales y las bombas de racimo han causado 4.272 víctimas en
Líbano, entre ellas 1875 muertos”.
(L’Orient Le Jour, 24 de abril de 2008)


Hay más de un millón de minas antipersonales y bombas de racimo en el sur de Líbano, plantadas por un país tan respetable como Israel en nombre de su sagrado “derecho de defensa” y con el evidente objetivo de seguir durante años y años matando personas inocentes o dejándolas ciegas, cojas, mancas, inválidas.

Las bombas de racimo, lanzadas por Israel en julio de 2006, sueltan al caer cientos de pequeños ingenios explosivos que se esparcen y siembran la tierra. Allí quedan durante años a la espera de que un campesino o un niño las pisen.
El sur de Líbano está infectado de ellas, incluidos los campos de olivos, cítricos, tabaco y trigo. Desde Agosto de 2006 han matado a 40 personas y herido a más de 250.

Hay que tener poquita ética para utilizarlas, por no decir una cosa más fea.
“Occidente” no sólo no impone sanciones a Israel, sino que ni siquiera condena el hecho. Será porque Israel es “uno de los nuestros”; o porque “Occidente” es quien fabrica y vende estas armas cobardes.

Si alguien dejara bombas esparcidas en un olivar de Andalucía estaríamos de acuerdo en llamarlo terrorismo.

08 abril 2008

Microcuento de la nostalgia de lo poco.

Guanos de años después, rodeado de libros que ni siquiera en siete vidas nadie podría ni siquiera imaginar leer, abrumado en aquella biblioteca, recordó aquella isla, aquel día, aquel momento en el que las olas llevaron hasta la playa media página arrancada de un libro que quién sabe quién tiró al mar quién sabe por qué; y cómo la recogió, la secó y la miró, y cómo esperó tres días con los nervios agarrados al estómago, con la ilusión de un niño, con la emoción del futuro placer, para leerla. Recordó la noche del tercer día, todo preparado, la luna, la piedra, el mar, la página delante de él, apoyada en 2 ramas rotas...
Y sintió unos deseos salvajes de coger un libro al azar y arrancarle una página al azar.
Y correr.

04 abril 2008

La Heroína.

Para ser un buen presidente de Estados Unidos hay que haber sido antes, al parecer, héroe de Vietnam.
La cosa tiene su lógica: para dirigir un imperio basado en la fuerza militar, qué mejor que un soldado.
Lo que ya no está tan claro es qué consideran allá “héroe”.
No hace falta llegar al nivel de Ulises; héroes son los bomberos de Nueva York, el General Custer, los que ganan una medalla en las Olimpiadas...sin contar a todos esos héroes anónimos que se lanzan al río para salvar a un perro o que dan un riñón de gratis.
Y estoy de acuerdo, excepto en el caso del General.
Y héroes son también los que hicieron la mili en Vietnam, en Corea, en Afganistán, en Irak, o en cualquiera de las muchas guerras con las que USA regala al mundo.

Hay un mecanismo psicológico que afecta esencialmente a personas con mucha ambición y pocos escrúpulos y que consiste en corregir y aumentar la realidad del pasado, aprovechando que la memoria es corta y que vaya usted a saber qué pasó entonces.
Este instinto acomodaticio hace que, por ejemplo, tras las dictaduras surjan como hongos millones de ex-luchadores contra las tales dictaduras.
Un segundo mecanismo mental viene a completar al anterior: a fuerza de contar mentiras nos las acabamos creyendo, y el pasado llega a ser en nuestras cabecitas no como fue realmente sino como decimos que fue.
Ya lo dijo otro presidente, quizás héroe, de los Estados Unidos: una mentira repetida mil veces acaba convirtiéndose en una verdad…incluso para el mentiroso.
Miente que algo queda. A veces queda todo.
Todos hemos escuchado a amigos contando anécdotas en las que estuvimos presentes y en las que una bofetada se ha convertido en una paliza y un beso en una orgía. Por arte de magia y birlibirloque.
Y nos hemos callado porque sospechamos que el prestidigitador, de tanto contar la historia ha terminado por creérsela.

Hay un cuento muy bonito -¿de Cortázar?- sobre la memoria.
En pocas palabras es algo así –aunque puede que no, que con el paso del tiempo mi cabeza haya inventado otra historia- :

Un hombre siempre había querido visitar Grecia.
(De los lugares, las personas, las sensaciones que no conocemos, nos hacemos una idea mental al pensarlos. Incluso producimos una imagen, que eso es la “imaginación”).
Así pues aquel hombre había imaginado Grecia muchas veces, tenía sus fotos mentales , la “veía” cuando la imaginaba.
(Entre esa imagen y la realidad puede que haya alguna relación. O puede que no)
Y un día el sueño de aquel hombre se hizo realidad. Tuvo la oportunidad de conocer Grecia, físicamente.
Le gustó mucho.
Y después volvió a su país.
(Las imágenes del pasado pierden color, se ponen borrosas, se van deshaciendo poco a poco).
Muchos años después “nuestro héroe” comprendió que, cada vez que recordaba su viaje a Grecia, las imágenes que acudían a su mente no eran las del viaje sino las que había tenido previamente, durante todos aquellos años en los que soñó con ir a aquel país.
Había olvidado las sensaciones, las visiones reales; las había sustituido por las imaginadas.
Su primera Grecia, la que “inventó” en su cabeza, había matado a la Grecia real.
¿Y la moraleja será el preguntarse qué es la realidad o si su Grecia mental no era tan real como la otra?

Hillary Clinton no fue heroína de Vietnam
Terrible hándicap.
El que no ha participado en los Juegos Olímpicos tiene dos opciones: asegurar que sí lo hizo (y el que se lo crea, bien; y el que no, que lo demuestre), o contarnos aquella carrera en la que quedó tercero en las fiestas de su escuela.

A la señora Clinton, humillada ante las heroicidades del héroe McCainn, se le ocurrió un día decir que ella también sabía lo que era el peligro y la guerra y el correr para salvar el pellejo.
Nos podía haber contado aquel día en el que cayó una piedra del alero de un edificio y unos metro más y le da en la cabeza. Pa haberse matao.
Pero no, había que echar el resto, ponerse a la altura de Eneas y de McCainn.
Y por eso “recordó” cuando al bajar del avión en el aeropuerto de Tuzla, Bosnia, unos francotiradores comenzaron a dispara contra ella y su hija. Y cómo corrieron medio agachados, con las balas silbando en sus orejas.

Tamaña ingenuidad de no darse cuenta de que normalmente a las mujeres e hijas de los presidentes de Estados Unidos las filman las cámaras de televisión cuando llegan a cualquier aeropuerto de cualquier país, me preocuparía si yo fuera votante de Hillary. Que no es el caso.
Por el contrario, si yo fuese un republicano recalcitrante, diría que vaya mentirijillas que nos coloca la elementa. Pero tampoco es el caso.
Yo no creo que H. mienta. Más bien se le aplican los mecanismos mentales de los que hemos hablado antes.
La propia candidata asegura que tenía “un recuerdo diferente del aterrizaje”.
Me la imagino en el vuelo que la llevaba a Bosnia anticipando, soñando, temiendo el escenario: francotiradores que les atacan, fuego cruzado, caos… ese miedo delicioso, miedo real, delicioso porque en el fondo sabes que no va a pasar nunca, que no hay francotirador que pueda atacar a la mujer de un presi de Estados Unidos de América.
Quizás también imaginó esa escena muchas otras veces después, hasta convertirla en algo real, en un recuerdo de algo vivido.
En realidad la madre y la hija bajaron tranquilamente las escaleras del avión, había una banda de música y una niña que las recibió con un ramo de flores.

Pero eso a quién le importa.
Lo importante es que podamos ser héroes alguna vez, sin dejar que la realidad nos estropee el sueño convertido en otra realidad.

Lo único que inquieta de estas personas tan enternecedoramente soñadoras es que un día puedan imaginar que un taller de reparación de bicicletas es una fábrica de armas de destrucción masiva.

12 marzo 2008

Mano de obra, carne de cañón.

Están en la esquina, esperando.
Cada mañana los veo al pasar.
Son obreros sirios en busca de trabajo.
Sobre el solar forman pequeños grupos y hablan para matar el tiempo.
Otros están solos, de cuclillas, con el culo casi tocando el suelo, como en el Éufrates, como en el norte de Alepo, donde, en esa misma posición, esperan sin hacer gestos a que un coche pare y los lleve, o un camión, o una furgoneta de transporte público.
Se parecen, la posición es la misma.
La cara es la misma. Morenos, despeinados; pero el bigote recortado y muy bien afeitados.
La ropa es la misma: pantalones de baratillo y camisa hortera que un día tuvo brillo, sucia. Zapatos raídos y sin cordones.
Se parecen porque son los mismos.
Han venido a Líbano para trabajar en la construcción, de día y de noche, sin ninguna protección, sin casco, pagados al día (10 dólares).
Pero Líbano ya no es el paraíso de gruas y cemento. La economía está casi paralizada, no hay trabajo para todos. Por eso esperan sin hacer nada a que aparezca un libanés, un empresario, y se lleve a unos pocos a la obra.
Son chicos -algunos también mayores- de pueblo, ingenuos, pobres.
Quizás sueñan con ganar bastante dinero para poner una tienda en su aldea del norte, o para casarse, que sin dinero de por medio, nadie da a una hija.
Les gustan mucho las colonias baratas de imitación de las de París.
Dejaron la escuela de niños para ponerse a trabajar en lo que se pueda.
Nacieron pobres, y así siguen. Y así morirán.
Éste es, de momento, el único país al que pueden viajar.

No quiero decir que Líbano los explota miserablemente en trabajos indeseables, al mismo tiempo que los desprecia.
No quiero hablar de empresarios sin escrúpulos que se enriquecen a su costa y aparcan los Ferraris en la otra esquina para ir a la manifestación contra "la opresión que padecen".
No quiero explicar en qué edificios abandonados de la guerra se les ve dormir por las noches.
No quiero decir decir que en Siria su miseria se perpetúa.

Lo único que quiero decir es que los veo cada día al pasar.

Hoy no ha habido suerte.
Mañana volverán temprano, a ver si alguien les pone a cargar escombros 12 horas y les da 10 dólares a cambio.
Un hombre cargado con una cafetera gigante pasa entre ellos, se para en un grupo, les vende café dulce a 500 liras.

10 marzo 2008

Quiero votar en el Caucus de Wisconsin.

Hay un medio chiste que dice que todos deberíamos votar en las elecciones de los Estados Unidos de América puesto que el Presidente de ese país tan descaradamente inperialista se convierte en el Presidente Mundial, que lo mismo interviene en la política colombiana que en la libanesa o en la inglesa. El presidente de Irak no es la marioneta que oficialmente ocupa el cargo. Si Kosovo es independiente lo es exclusivamente porque así lo ha querido E.E.U.U. Y la mayoría de los países se han apresurado a reconocer esa independencia para seguir al jefe supremo, amén.
Porque no basta con que un país se autoproclame independiente; se necesita que los otros -quiero decir los que deciden- la reconozcan. Y desgraciadamente Estados Unidos tiene el monopolio de las bulas, los carnets de bueno y malo, los permisos para tener armas nucleares o para ser independiente.
Por eso Palestina no es un país independiente.
Así que el chiste es sólo medio chiste.

En la realidad Estados Unidos nos dice a todos lo que tenemos que hacer y lo que no. Sin su acuerdo nada es legal, ni siquiera lo que vota la gran mayoría en la Onu.
Cuando España y Marruecos tuvieron un contencioso por un pequeño islote pelao, la llamada Isla de Perejil, se pidió a Estados Unidos que interviniera en el asunto, en lugar de a la Onu, qué triste.
Así que en democracia deberíamos todos poder elegir al sheriff, suponiendo que realmente alguien pueda elegir realmente algo.
Porque otro de los mitos más extendidos es que en las llamadas "democracias occidentales" cualquier ciudadano puede ser presidente y todos podemos elegir a nuestros gobernantes.
No es tan fácil, primero hace falta encaramarse a la cima de una maquinaria política jerarquizada que acapara el poder -normalmente existen 2 principales en cada país.
Por eso, en la práctica, en las elecciones generales de mañana en España existen 2 ciudadanos, entre más de 40 millones, con posibilidades de ser presidente del gobierno: la mirada positiva y los hombros estrechos de José Luis Rodríguez, alias Zapatero, y los problemillas bucales de Mariano Rajoy.
No muy amplia la elección.

Si pudiéramos votar al Presidente del Mundo, las opciones tampoco serían muy amplias:
por un lado, el senador McCainn, héroe de Vietnam -por Dios, hay más héroes en Estados Unidos que cortes de luz en Beirut, que ya es decir.
Este caballero anciano (¿por qué los políticos no se jubilan a los 65 años como el resto de la gente?) representa la continuidad del imperialismo salvaje, una mentalidad iluminada de país elegido por Dios para dirigir el mundo, la convicción de que sus valores y su estilo de vida son los mejores, y la contradictoria idea de que una democracia puede basarse en la fuerza militar.

Por el otro lado, una mujer y un negro.
Una apuesta arriesgada por parte del Partido Demócrata.
La mujer representa el nepotismo y la máquina oficial.
El principal "mérito" de Hillary Clinton es ser la mujer del ex-presidente Bill Clinton, sí, el de la mamadita.
Dicen que Barack Obama simboliza un aire fresco en el atrofiado sistema estadounidense.
Ojalá.
Que ya vale de héroes, joder.
Estados Unidos se siente orgulloso de ellos. Pos vale.
Debería sentirse avergonzado de lo que hizo en Vietnam. Pero no es así, si no no habría invadido Irak, por ejemplo.

Si gana el partido demócrata la política exterior -que es la que nos importa a los extranjeros sin derecho a voto, y no quién gana la SuperBowl o si los guionistas de Hollywood están en huelga- no va a cambiar mucho: van a seguir con las garras afiladas, van a seguir dando carta blanca a Israel para que cometa todo tipo de atrocidades en el nombre de su sagrada seguridad, van a seguir controlando y manipulando a la Onu...
pero quizás van a morir menos miles de inocentes en el mundo.

Así que todo el misterio consiste en saber si en la mentalidad de ese país que da miedo, cabe la posibilidad de tener un presidente negro e hijo de inmigrantes africanos -Obama el fresco-, o una mujer presidente -la señora de Clinton.

04 febrero 2008

La Ashura.

En el siglo VII se daba en el joven Islam una lucha político-religiosa por la sucesión que acabó provocando la escisión y el nacimiento de las 2 grandes ramas musulmanas: los Sunníes y los Chiíes.
A grosso modo, se oponían los sunníes(que dieron lugar al Califato Omeya) a los seguidores de Ali (4º califa y yerno de Mahoma).
En esta guerra civil triunfaron los sunníes y murió Ali.
En el año 680, al morir el califa Moawiya en Damasco, se vuelve a plantear la lucha entre ambas ramas, representadas por un lado por el hijo de Moawiya, Yazid, y por el otro, por Hussein, hijo de Ali y de Fátima y nieto de Mahoma, que se rebela contra el poder establecido y apela a sus derechos como descendiente directo del Profeta.
Yazid, con 3.000 hombres, sorprende a Hussein y sus 72 guerreros en los alrededores de Kerbala (actualmente en Irak).
Tras dos días de desigual batalla, Hussein y unos pocos supervivientes de su grupo son torturados y asesinados.
Desde entonces, hace ya más de 1.300 años, los chiíes conmemoran el martirio y muerte de Hussein en la festividad llamada Ashura.
El décimo y último día de la Ashura se practica la ceremonia de la sangre, al menos en los lugares chiíes donde los gobiernos o los grupos religiosos no la han prohibido.
En Siria (donde hay un 10% de chiíes y sólo un 1% de chiíes “ortodoxos”) se hace en la Mezquita de Sayida Zeinab, a las afueras de Damasco, de forma semi-clandestina, ya que está oficialmente prohibida (aunque no perseguida).
En Irak, país de mayoría chií, se ha vuelto a celebrar desde la invasión estadounidense y la caída de Saddam Hussein.
En Líbano, los 2 grandes grupos político-religiosos o clanes chiíes lo conmemoran de diferente manera: mientras que el Hezbollah ha prohibido la sangre y realiza una manifestación político-religiosa en Beirut, Amal continúa haciendo la “fiesta” de la sangre en Nabatiyeh, en el sur de Líbano.

La Ashura en Nabatiyeh.

Nabatiyeh es una ciudad del sur interior de Líbano, a una hora de la capital.
El décimo día de la Ashura miles de personas se concentran en sus calles para practicar la ceremonia de la sangre.
El ejército libanés acordona la zona, un “circuito” que rodea el campo de fútbol y pasa por delante de la mezquita. Los antidisturbios observan desde fuera el acto pero nunca he visto que hayan tenido que intervenir.
Este año entre el público había también un servicio de “seguridad” de Hezbollah, que ha recuperado su influencia en la ciudad desde la guerra contra el ejército israelí en julio de 2006.
El cordón sanitario está perfectamente organizado con la Cruz Roja, la Media Luna Roja y otras organizaciones médico-sanitarias musulmanas. A cada grupo de penitentes le acompañan camilleros que recogen inmediatamente a los que caen. A lo largo del circuito están instalados al menos una decena de puestos de socorro. Varias ambulancias están preparadas en las cercanías.
Otros grupos de voluntarios reparten agua, zumos y dulces.
A media mañana se celebra en el campo de fútbol una representación con actores a caballo de la batalla de Kerbala y la muerte de Hussein.

Pero lo realmente impresionante está pasando en las calles desde las ocho o nueve de la mañana, el éxtasis de penitencia y sangre.
El acto consiste en hacerse cortes en la cabeza con una navaja de afeitar, algunos se hacen uno o dos, otros 14 ó 16, depende de cada uno, de su valor y autocontrol.
Los cortes son superficiales pero sangran mucho. A partir de ahí recorren las calles en grupos dándose golpes con la mano abierta o con la arte plana de un machete, espada o cuchillo. Esto provoca que la sangre brote de manera espectacular. Muchos llevan sábanas blancas a modo de túnica que acaban teñidas de rojo. A algunos al final no se les ve la cara entre tanta sangre. Bastantes, que no paran a tiempo, se desmayan por la pérdida de sangre.
Según pasa la mañana todo se acelera: al principio son niños y hombres mayores los que van recorriendo las calles, unos grupos lo dejan después de un rato, otros comienzan.
Al final, entre las doce y la una del mediodía, sólo quedan los grupos de jóvenes más exaltados, los que dan vueltas al recorrido en estado de trance golpeándose sin cesar al grito de “Haidar”, a veces acompañados por un bombo o una trompeta que les marca el ritmo de los golpes. Muchos de éstos no paran hasta caer desmayados.
En Nabatiyeh no se hacen flagelaciones al estilo de Irak.

Si cuento todo esto no es para describir una costumbre salvaje sino para todo lo contrario, para explicar el origen y los motivos de esta tradición milenaria.
Las fotos que acompañan pueden chocar por su crudeza y aparente violencia; por eso me gustaría hacer unas puntualizaciones que eviten una mala interpretación.
En España, es triste decirlo, estamos llenos de prejuicios sobre el mundo árabe-musulmán, prejuicios alimentados por la ignorancia y por la imagen sesgada y negativa que nos presentan constantemente los medios de comunicación.
La Ashura es una conmemoración muy sangrienta; puede gustar o no, pero no deja de ser una ceremonia de penitencia, exactamente igual en su filosofía que algunas de la Semana Santa católica en España y no digamos en Filipinas.
Pienso que a nadie se le ocurriría calificar de “bárbaros” a los “picaos” españoles o a las señoras que hacen el recorrido de rodillas en Fátima y en muchos lugares de España por penitencia o para pedir favores divinos, agradecer los recibidos o cumplir promesas.
Probablemente es una forma de religiosidad popular equivocada y, como ya he dicho, muchos gobiernos y grupos la han prohibido; pero no es ni más salvaje ni más fanática por ser musulmana.

Una última cosa que puede sorprender: el ambiente en la Ashura de Nabatiyeh es acogedor, relajado, casi festivo. Los pocos extranjeros que vamos a verla estamos de acuerdo en que en ningún momento se palpa ni la más mínima agresividad ni se siente miedo entre tanta sangre y tanto cuchillo.
Los niños están orgullosos de haberse atrevido a hacerlo, de iniciarse en la tradición de sus padres. Las mujeres miran en silencio, pasean..
El que quiere lo hace y el que no quiere no lo hace, cada uno lo deja cuando lo considera apropiado…y así hasta el año que viene o hasta que la celebración sea prohibida.
No hay ninguna reivindicación política, sólo una autopenitencia religiosa, una tradición histórica y social.
Espero que en las fotos, detrás de la sangre, se pueda captar un poco de ese ambiente.

La Organización.




Los Cortes (1)



Los Cortes (2)



Los Grupos.




El Trance (1)



El Trance (2)




La Alegría.




01 febrero 2008

Vendedores de viento.

En Líbano estamos preocupados porque no hay presidente desde hace meses... bueno, es un decir, personalmente me importaría un huevo sino fuera porque es urgente una estabilidad política, sobre todo para ver si se consigue apaciguar la cada vez mayor división del país, de sus gentes, política, religiosa, mental...y socioeconómica.



Porque esto lo escribo a la luz de la vela: parece que ha habido una avería en la central eléctrica, será verdad o será mentira, en el fondo qué más da; antes la culpa de los cortes de luz era de Israel. Después fue de Siria porque Siria lo mismo vale para un roto que para un descosido y para culpable de todo, hasta del mal tiempo.

Lo que sí es seguro es que toda esa mierda de políticos (y perdonen la redundancia) que no se ponen de acuerdo y mientras no se ponen de acuerdo se alojan en un hotel de 5 estrellas, toda esta banda de ricos, capos con un pasado más negro que los cojones de un grillo, socialistas de palacio, millonarios populares, criminales con corbata, beatos del infierno, militares demócratas, milicianos y exmilicianos, hombres de negocios, cobardes que envían a otros a morir, negociantes capaces de vender su alma al diablo (eso sí, después de misa)... toda esta calaña, digo, no es capaz, ni lo ha sido nunca, de asegurar los servicios mínimos a la población.



Por eso el agua no es potable y la electricidad se corta constantemente.

Desde hace unos meses los cortes de luz duran exactamente 3 horas cada día en mi barrio.

Hay dos tipos de libaneses: los que se joden y los que tienen dinero para pagar por su cuenta lo que el Estado no les da.

Así que los pobres beben agua del grifo y los demás compramos agua mineral.

Así que los edificios buenos de los barrios buenos tienen un generador que paga cada vecino y que se enciende cada vez que se corta la electricidad.

Y los demás ponemos velas.

Así que los pudientes tienen, por 4 pesetas, una sirvienta de Sri Lanka o Filipinas que les limpia la mierda y acostumbra a los niños a la idea de que otras personas han nacido para servirles.

Y tienen un portero que les saca la basura al contenedor.

Y alguien les aparca el coche para que puedan bajarse en la puerta del restaurante.

Y la plaza de garaje privada, que en algunos barrios estrechos no hay quien aparque en la calle.

Y en los supermercados güenos uno nos llena las bolsas con los productos que hemos comprado y, con una propinilla, nos las lleva a casa...mejor dicho, hasta el coche, que andar por la calle es de pobres.

Y el que tiene dinero pasa de la Seguridad Social y se va a estupendos hospitales privados con habitaciones de 1ª, 2ª y 3ª, donde lo primero que hhay según se entra a mano derecha, es el cajero no autómatico, el cajero te-curo-previo-pago.



Lo normal es ir a las playas privadas, en parte por pijerío y no mezclarse con la plebe, y en parte porque las públicas no tienen ningún servicio, está llenas de basura y en muchos casos con desagües que desembocan en la misma playa. Por no hablar del desatre ecológico que provocó Israel con sus bombardeos de los depósitos de petróleo y no permitiendo que las playas se limpiaran. Cuando se empezó a hacerlo ya el petróleo se había hundido, impregnando los suelos marinos de la costa libanesa.



Una de las cosas que admiro de España es su sistema de seguridad social para todos.

Por lo demás, está claro que es estupendo tener electricidad siwempre.



Pero cada vez que voy a España siento quer hay otras cosas más importantes a la hora de considerar si un país va bien o no.



En Líbano todavía entras a un taxi y el taxista tiene la música puesta...y, lo que es más importante, a los clientes no les molesta.

Y en el autobús le pagas al conductor al entrar o al salir, como quieras, y nunca he visto a nadie aprovechar el descontrol para marcharse sin pagar.



La desorganización tiene sus defectos pero el exceso de organización también.

No sé qué es la felicidad pero sé que no es poder comprar muchas cosas.

14 enero 2008

El Himno de España.

Por fin. El himno de España ya tiene letra.
¡Que nos entraba un complejo cuando oíamos a los franceses o los estadounidenses cantando el suyo a grito pelao y con la mano en el pecho!


Ahí va el "peazo poema":


"¡Viva España!
Cantemos todos juntos
con distinta voz
y un solo corazón.


Ama a la Patria
pues sabe abrazar,
bajo su cielo azul,
pueblos en libertad.


¡Viva España!
desde los verdes valles
al inmenso mar,
un himno de hermandad.


Gloria a los hijos
que a la Historia dan
justicia y grandeza
democracia y paz".

¿Qué? Se les ha puesto la carne de gallina y los vellos como escarpias, ¿verdad?

Pues no, señores, este bodrio no lo ha hecho un niño de 12 años como deberes de clase.

Ha sido elegido por un jurado, a petición del Comité Olímpico Español y la Sociedad General de Autores y Editores, entre más de ¡2.000 canciones recibidas!


Una de dos: o las dos mil eran incluso peores que la ganadora, lo que es difícil hasta de imaginar; o el ganador era primo de un ministro o amante del presidente del jurado (que, aunque no se lo crean, es catedrático de Musicología de la Universidad Complutense de Madrid).


"Cielo azul, verdes valles, inmenso mar...", qué bellos y originales epítetos.

Y esas sublimes alusiones a nuestra múltiple y variada idiosincrasia, "distinta voz y un solo corazón", "abrazar [...]pueblos en libertad...".


Ahora hablando en serio, voy a hacer 3 propuestas:


-si se ha puesto letra al himno, por qué no se aprovecha y se cambia la música, que es una pachangada de escasísimo valor musical.


-que se propinen al autor y a los miembros del jurado 30 latigazos en sus nalgas desnudas, en la vía pública, para escarnio y befa, y solaz de los sufridos oyentes-ciudadanos.
Si el literato no se arrepiente y promete no volver a escribir, apliquénsele otros 30 zurriagazos.


-que se queme la canción en una hoguera y se vuelva a la letra tradicional del himno nacional, la que se ha cantado en España desde tiempos ancestrales y remotos, aquella que decía:


"Chuunda chuunda


tachunda chunda chunda


chun dachunda chún


ta chunda chundachuuún...".

08 enero 2008

Vuelve a casa por Naaviiidaaad.

En el aeropuerto de Praga hay un lugar llamado "Smoking Room". Entras...y en realidad sales, porque es la puta calle.
Los fumadores estamos acostumbrados a movernos en condiciones más difíciles que las de la Legión Extranjera, ambientes adversos, climas hostiles, rincones oscuros y mal ventilados.
En el fondo nos gusta, "bienaventurados los perseguidos porque ellos alcanzarán el Reino de los Cielos" (que tendrá sala de fumadores climatizada por lo menos).
En el aeropuerto de Praga mientras fumas te puedes entretener mirando los aviones, moviendo las piernas palante y patrás para que no se te congelen, o dibujando tu nombre en la nieve que hay encima de las mesas.
Y sin embargo este aeropuerto y esta "sala" es de lo mejorcito que se puede encontrar en Europa; y si no, véase por ejemplo el terrible aeropuerto de Milán.
En el aeropuerto de Praga, mientras fumas, también puedes meditar sobre esta sentencia:
"¡Pero qué frío hace en Europa, coño!"
Según piensas la frase, se te congela en el cerebro y se te cae al suelo y hace "Clonk".

21 diciembre 2007

Notas de la Semana Santa en Jerusalem (4 y final)

Sábado Santo:
Me despierto otra vez a las 7’30. Mejor para aprovechar el día.
Voy a la Iglesia del Santo Sepulcro pero, claro, cruzando el pueblo etíope (allí siempre hay algo simpático): hoy están repartiendo ramitas de palmera, que algunos se ponen alrededor de la frente. Dentro, la iglesia está casi vacía. Sólo un cura lee unas oraciones en la capilla de abajo y ya se oye el ruido del patio del Santo Sepulcro. Esta tomado literalmente por decenas de policías israelíes. Incluso dentro de la iglesia hay montones, armados. ¡No puedo creerlo! Fuera también hay cientos, controlando el recorrido de la procesión que tendrá lugar después.
Evito la misa (cuando termina veo al, supongo, arzobispo, bendiciendo a diestro y siniestro, y los seminaristas emocionados como si hubieran conseguido un autógrafo de Ronaldo).

Aprovechando que toda la gente está en la misa, veo casi solo la capilla de la Reina Helena y la gruta donde supuestamente encontró la cruz y los clavos de Cristo. Es una capilla medieval preciosa y simple, llena de cruces grabadas en los muros por los cruzados. Muy emotivo: son “pintadas” que tienen setecientos años;
También impresiona la capilla sirio-jacobita del siglo I, muy descuidada.
No me dejan entrar al Santo Sepulcro: veo una esquina por un agujero circular del muro. Lo intentaré después.

Hoy es el cumpleaños de mi madre; como regalo, le enciendo una vela al lado del Sepulcro y otra al lado del Calvario, donde he subido al principio y no he conseguido imaginarme, sentir, que allí clavaron a Cristo. Pero a ella le hará ilusión el regalo.
Como el mundo es tan pequeño, me encuentro en los zocos con V. y F., una pareja (español-francés) que conozco de Beirut. Hablamos un rato y nos vamos cada cual por su lado.
En el barrio armenio encuentro una procesión de ¡gaiteros! (Palestina estuvo bajo dominio británico y ésta es una de sus herencias; hay otras peores).
Busco el Convento del Olivo para volver a hacer la foto que no salió de la casa de Anás (quiero dársela a mi amigo J. porque, de adolescentes, hicimos la ópera-rock “Jesucristo Superstar” y él hacía de Anás y yo de Caifás, su suegro y sumo sacerdote).
El convento está cerrado pero disfruto de la calma, de la paz y el silencio del pueblecito armenio (casas y conventos en un mismo recinto).
Sale de su casa una mujer vieja que se llama María y que se parece mucho a mi madre. Otro misterio en el día de su cumpleaños. Se ofrece a enseñarme el lugar y me pregunta si soy cristiano. Le digo que sí, sonríe y se siente más a gusto. Me enseña el olivo donde fue azotado Jesús y me explica con detalles cómo era el látigo. Es el primer lugar donde cayó la sangre de Cristo. El olivo tiene un tronco viejísimo, muerto, del que han salido muchas ramitas formando un nuevo olivo. La mujer atribuye las ramas y la “resurrección” del olivo a la sangre de Cristo. Me dice que en este mismo olivo se ahorcó Anás, comido por los remordimientos. Detrás está la prisión de Cristo, cerrada. Estoy solo con ella pero me dice que antes de la Intifada había procesiones de peregrinos a este lugar.
Los armenios no parecen tener mala relación con los judíos. En la procesión de gaiteros hablan y ríen con los policías.

Salgo de la ciudad antigua por la Puerta Nueva; quiero ver la parte moderna. Cojo una avenida residencial en la parte judía. Mucho calor y nada que ver. Giro hacia la parte musulmana, recorro la zona comercial pero tampoco tiene mucho interés. Entro en la ciudad vieja por la Puerta de Herodes y salgo por la de los Leones. La gente sale de rezar en la Mezquita de al-Aqsa y de la Roca y cogen “services” y autobuses para volver a sus barrios o pueblos.
Otra vez en Getsemaní, cojo tierra y hojas de olivo para K. y para mí y para regalar, y disfruto de la tranquilidad y los cantos de los pajaritos sentado al pie de un olivo y con las murallas enfrente. Veo toda la ciudad antigua desde aquí.

Hoy he estado también en una iglesia greco-ortodoxa (moderna) cerca de la Puerta Nueva: había un mapa de los cristianos en Oriente Medio y Africa, con todos sus tipos y ritos…

Vuelta al Santo Sepulcro: para entrar a la sala del sepulcro hay una cola grande de gente apretándose y empujándose, porque sólo se entra a la minúscula sala de 4 en 4. Cuando quiero darme la vuelta me encuentro aprisionado en la marabunta y tengo que seguir allí esperando el turno. El paso lo da un cura calvo y con coleta que grita, empuja y golpea a la gente que se cuela; muy duro como guardián del Santo Sepulcro pero parece que las circunstancias lo exigen. Y ver la supuesta tumba de Jesucristo bien vale una bofetada de un cura coletudo, ¿no?

Tengo más de cinco carretes hechos en 4 días pero en ninguna foto aparezco yo. Decido que me hagan una y qué mejor sitio que en el pueblo etíope. Me hace dos un chico palestino. Me pongo con un cura etíope que casi no habla inglés (y árabe bastante mal, como yo). Me dice que quiere la foto, el pobre. Le explico mi situación y le digo que si vuelvo se la traeré.
Paseo por los zocos ya sin rumbo, cansado y como despidiéndome de esta ciudad. Compro, para cenar en el hotel, un pan, “zaatar” y un falafel.
Un último té en mi café de cada tarde, “The Gate’s Café”, al lado de la puerta de Damasco, en una terraza discreta con pocos clientes, la mitad lugareños y la mitad turistas (el precio es para turistas). Ya me conocen los dueños: un matrimonio. La mujer, aún guapa, me enseña a su hijo y a su nieto (y a la mujer de su hijo, que no es la madre del niño). El niño es rubio y nadie diría que es palestino por su aspecto.
Al hotel. Mañana me voy y tardaré muchas horas de taxis, visados, fronteras en esta tierra que nunca las tuvo, para llegar a casa, en Beirut.

Jerusalem-Al Qods es una ciudad única: se respira por todas partes, si no a Dios, si no a los dioses, sí el deseo de dioses de los hombres. Se respira historia. Y se respira opresión. Parece que un Dios les prometió esta tierra a unos, al menos eso dicen ellos. Pero creo que ningún Dios tiene derecho a hacer eso.

19 diciembre 2007

Notas de la Semana Santa en Jerusalem (3)

Viernes Santo:
En un café fuera de la Puerta de Damasco – 8’00 de la mañana.
Estoy tratando de despertarme. He comprado un pan y una bola de falafel y me he sentado en la terraza de un café ultra-cutre. Estoy pensando en que allí hay gente muy rara, palestinos con la ropa sucia, zapatos rotos, mirada perdida. Pienso en que el café turco en Jerusalem es gigante: un vaso de plástico grande. Eso me gusta. Veo que la policía, al otro lado de la calle, ha cerrado la entrada a la ciudad antigua: supongo que porque es viernes, fiesta para los musulmanes y, además, viernes santo. Los palestinos no tienen ninguna libertad de movimientos; los judíos y los turistas, sí.
De repente, un hombre gordo que juega a las cartas en la mesa de al lado, cae al suelo y queda de rodillas y la cara en el suelo, como si estuviera rezando. La silla choca contra la mía. Es un ataque al corazón. Sus compañeros le echan agua en la cara y le frotan el pecho. Echa espuma por la boca. Me doy cuenta de que se está muriendo. Los policías miran de lejos pero no vienen. Les gritamos para que hagan algo.
Por fin se acercan 2 muy tranquilamente y llaman a una ambulancia, que llega muy rápido. Tratan de reanimarlo. Tarde.
Yo me voy de allí con la sensación de que ha empezado viernes santo. Hace sol. Nadie parecía demasiado triste; sólo miraban con curiosidad. Tal vez están más acostumbrados a la muerte que yo. Pienso en el hombre gordo: seguro que tenía una mujer gorda con pañuelo en la cabeza y un montón de hijos. Vestía muy mal. Hoy era su día de fiesta. Habría ido a la mezquita y ahora jugaba a las cartas y tomaba un café turco en vaso grande.

Cuando voy a entrar a la ciudad antigua un policía israelí me pide con mal tono y en árabe el carnet. Cuando ve que soy un turista me deja pasar sin ninguna simpatía, sin mirarme.

9’00 – Via Dolorosa
Cojo un lugar privilegiado para hacer fotos de la procesión, en la esquina de la Via Dolorosa y al-Wad.
Muchos soldados y policías y, sobre todo, integristas cristianos: filipinos, polacos, franceses con cruces,… curas de todo tipo, vestimenta, aspecto y color. Miles de curas y beatas, con ramos, iconos, cruces, cámaras de vídeo.
Muchos fotógrafos también. La policía intenta despejar la calle de peregrinos para que pase la procesión; hay vallas metálicas. Un estadounidense con un perrito que duerme la siesta. Siempre hay un pijo-bohemio con perrito, en todas partes.

¡Y cuántas monjas! Blancas, negras, con bigote, pálidas, con ojeras, beatíficas.
A algunas me las imagino mortificándose en sus celdas, poniéndose el cilicio, flagelándose para expiar sus malos pensamientos.
Un grupo de mejicanos. Cristianos de la India.
Fotógrafos de la agencia Reuters (con ese aire de superioridad y de no creerse nada) y fotógrafos aficionados; hasta curas con cámara.
Viejas que cantan en griego, en francés, en polaco, en ruso, en tagaloh,…se oyen cientos de lenguas en Jerusalem.
Empieza la procesión, se ven cruces entre la masa de gente; se acercan, se acelera…. Y caen en la esquina en avalancha, empujados por los de atrás.
Un cura barbudo impresionante se clava la valla metálica a mi lado y así se queda unos segundos. Pero no se queja. Faltaría más.
Un niño palestino le sopla la vela a una vieja del este de Europa y ésta empieza a darle manotazos al niño loco que se ríe.
La policía interviene para frenar a la gente. Megáfonos.
No busquéis ninguna espiritualidad ni aquí ni en la iglesia del Santo Sepulcro. A Cristo se le imagina mejor en cualquier iglesia de pueblo, en cualquier mezquita solitaria.

Desde un café hago fotos de la gran mezcolanza de gente que existe en esta ciudad: de ropas, de color, de religión, de lengua, de pobres y ricos.

Voy al Santo Sepulcro, pero pasando por la iglesia etíope que tanto me gustó ayer. Me quedo una hora encantado por los colores, olores, silencios, amabilidad de esta gente.
Algunos se hacen fotos llevando la cruz. En la iglesia sigo la misa un rato, tan distinta de la católica, tan misteriosa. Estos cristianos etíopes rezan arrodillándose a veces y tocando el suelo con la frente, de forma muy similar a la de los musulmanes. Al salir, me encuentro otra vez en el “templo de los mercaderes”: qué jaleo en la iglesia del santo sepulcro, qué ruido, qué chabacanería. No se puede andar.
Un polaco levanta los brazos al sol. Llegan procesiones presididas por muchos curas.
Dentro de la iglesia el mismo ruido que fuera: cámaras, griterío. Viejas que bendicen todo lo que llevan en el aceite perfumado de ámbar de la losa de la entrada. Veo una monja que ¡consagra su móvil!
Escapo a un café cercano pero muy tranquilo desde donde veo llegar la procesión de los cristianos palestinos, cantando en árabe, con niños en uniforme.
Vuelvo por los zocos centrales –el de la carne, donde huele a sangre, el de las telas.
Decido salir de la ciudad, de sus murallas, ir al Monte de los Olivos. Salgo por la Puerta de los Leones. Un vendedor de agua me dice que el monte está cerca, que puedo ir a pie. Y es verdad. Voy parando en cada iglesia. Algunas son maravillosas, sobre todo la de la Tumba de María, misteriosa, preciosa, sombría. Hay que bajar unas escaleras anchas y oscuras que llegan hasta el final de la iglesia. Hay un cura como de “El nombre de la Rosa” que come algo de una bolsa de plástico. En la tumba de la Virgen un cura reza. Me pongo al lado. Hay billetes (dólares, euros, shekels…) que los devotos han metido en la tumba, como si no hubiera otros sitios para las ofrendas.
Entro en la Gruta de Getsemaní, donde Jesús se reunía con sus discípulos.
Voy a una iglesia y de ella a un jardín, el de Getsemaní. Una monja rumana me dice que el “oficial” está al otro lado pero que éste es la continuación. El “oficial” no tiene mucho interés: un jardincillo cercado, con setos y flores; sólo merecen la pena los viejísimos olivos.
El otro, la continuación, si es bíblico, mediterráneo; con olivos “en libertad”. Y no hay nadie. Hasta que lo cruza un adolescente en un burro, seguido de un rebaño de ovejas y cabras. Le digo: “¿Es aquí el jardín de Getsemaní?”
Y me responde: -“Por Dios, no sé”.
Aquí sí me he imaginado a Jesucristo en su época.
Cojo tierra para mi hermano, que es creyente, creo. Y hojas de los olivos.

Me paro en una iglesia moderna pero preciosa, el “Flevit”, erigida donde Jesús lloró viendo por última vez la ciudad. A través de las vitrinas de la iglesia se ve todo Jerusalem y, enfrente, la Cúpula de la Roca, magnífica.
Me paro en la Tumba de los Profetas: me sale un hombre con muy malos modos y un perro que me ladra. Los dos me dicen: “¿Qué quieres?”. Respondo: -“Nada”. Y me voy.
El Monte de los Olivos es un cementerio judío inmenso. Le he prometido tierra de allí a K., que es palestino pero nunca ha estado en Palestina. Parece que sus padres son de Jerusalem. Pero creo que no es el sitio apropiado para cogerle su tierra. Mañana buscaré otro.
La vista es una maravilla: toda la ciudad amurallada con las cúpulas brillando al sol de la tarde.
Más arriba veo dos iglesias más: una donde esta escrito el “padrenuestro” en azulejos en multitud de lenguas (y pseudolenguas) por todos los muros: hasta en “asturianu”, “valenciá”, “esperanto”,…
Aquí me doy cuenta de que he perdido 300 shekels, todo lo que me quedaba cambiado. Se me ha caído del bolsillo al sacar el plano de la ciudad. Por la tarde leo en un mensaje de L., que ella ha perdido, no sabe cómo, 100.000 libras libanesas: ¡es la misma cantidad de dinero y el mismo día! Misterios de un día misterioso.
La otra iglesia, la de la Ascensión de Jesús, en realidad es una mezquita donde está la piedra con la huella del pie de Jesús al ascender a los cielos. Los musulmanes se han reservado una parte para rezar, al lado. Otra muestra más de que el Islam es, en esencia, muy tolerante. ¿Podemos imaginar que los cordobeses dejen una parte de la mezquita Omeya a los musulmanes para que recen allí?
Estoy cansado de turistas y de vendedores que me hablan en inglés. Miro Jerusalem desde lo alto por última vez y me bajo por donde he subido, hasta la ciudad, los cafés,…
Mañana es sábado.

18 diciembre 2007

Notas de la Semana Santa en Jerusalem (2)

Jueves Santo:
9’00 de la mañana. El aceite ha hecho bastante efecto. La espalda me dejará moverme todo el día, aunque intento no forzar y andar despacio.
Dicen que el aceite de oliva tiene propiedades anti-inflamatorias. O quizás es un milagro.
Desayuno fuera de la ciudad antigua, al lado de la puerta de Damasco: café y bocadillo de hilachas de queso con tomate y aceite de oliva.
Saco una foto de un caballo cargado con el material anti-disturbios de su dueño, un militar israelí; más fácil moverse así entre las callejuelas de la ciudad vieja.
Un palestino de 75 años, correctamente vestido con chaqueta vieja pero cuidada y aspecto digno, se me ofrece como guía: “Llevo 75 años en la ciudad”
- Prefiero ir solo, gracias.
Entonces me dice que son 10 en su casa, que con la “situación” no hay trabajo, que a ver si puedo ayudarlo.
Qué pena.
Sigo la Via Dolorosa en dirección inversa a la de Jesús y llego a la Puerta de los Leones, desde donde se ve el Monte de los Olivos en la colina vecina. El ambiente es de paz. Los palestinos se dirigen a la mezquita a rezar. Sol, silencio. Entro en la casa donde nació la Virgen María y en la vecina Iglesia de Santa Ana (su madre): en la cripta estoy solo.

Intento entrar a Al-Aqsa pero en cada puerta los soldados me dicen, sin más explicaciones, que no; la única posible es la última, la que está dentro del recinto del Muro de las Lamentaciones.
Hago fotos entre los judíos que rezan.
Por fin entro al recinto de las mezquitas pasando otro control. El lugar es magnífico, sobre todo la Mezquita de la Roca, octogonal y con su cúpula dorada tantas veces vista también en fotos. Recorro la zona entre olivares donde familias palestinas comen, los niños juegan y se respira paz. Dentro también hay soldados escoltando a un grupo de judíos ortodoxos (porque aquí está la puerta por la que entrará el Mesías a Jerusalem; hasta ese momento permanece cerrada. De hecho, hay rabinos ultraortodoxos que consideran que la creación del estado de Israel es una herejía puesto que no debe producirse la vuelta a la "tierra prometida" hasta que el Mesías regrese). Me acerco a ellos y los militares se ponen nerviosos, y sobre todo hombres de paisano que se comunican por radio entre ellos; son palestinos y hablan árabe pero se ve que trabajan para los israelíes. Un soldado se me acerca y me pregunta qué son las fotocopias que leo: -“una guía sobre Jerusalem”. Se va. Uno de los palestinos se me acerca después. No le veo la radio y cometo el error de hablarle en árabe. Me dice que siga andando, que dé la vuelta, que no se puede estar sentado. Con bastantes malos modos. Lo peor desde que llegué a Jerusalem. No quiero juzgar al que se vende pero pienso que sus problemas de conciencia (suponiendo que tenga conciencia) no son culpa mía. Y además no me dejan entrar en ninguna de las dos mezquitas: en Al-Aqsa, el portero me da un golpecito en el hombro y me dice que me vaya: -“Sólo musulmanes”. Ya se han acercado dos militares...
Pues me voy. Decepcionado al ver cómo la situación y el contacto con sus opresores está destruyendo la hospitalidad de algunos palestinos. Esta intolerancia me recuerda a Túnez; en Oriente Medio un extranjero siempre es bienvenido si quiere visitar una mezquita.

Tomo un café turco en un zoco cubierto muy bonito, mirando a los niños palestinos.
Andar: barrio judío, barrio armenio. Visito la casa de Anás (uno de los sacerdotes del Templo, miembro del Sanedrín en la época de Jesuscristo); actualmente es la iglesia armenia del Olivo.
Encuentro una procesión de curas, unos 50, de muchas nacionalidades, acompañados de algunos fieles. Entre ellos hay un cura español, un cámara y un periodista de TVE. Escucho la entrevista que saldrá en el telediario. Pregunto al periodista que cuándo y si se verá por la TVE internacional “porque yo vivo en…”. No parece interesarle donde vivo, ni se sorprende de ver a un español en Jerusalem. Y además le llaman por el móvil.
Pienso que si yo fuera periodista sí me habría interesado saber quién es ese español y dónde vive; le habría hecho una entrevista. A mí tampoco me interesa él.
Entro a una catedral.

Paseo por el barrio judío: mucha gente, casi todos fácilmente reconocibles como judíos, se habla yidish, sefardí, inglés, ruso…
Teatro de calle para niños con kippa.
Vista magnífica sobre el Muro de las Lamentaciones y la cúpula de la Roca.
Veo al primer mendigo judío. Palestinos he visto muchos.

La gran sorpresa del día: entro por casualidad, ya en el barrio cristiano, al Patriarcado copto y encuentro cientos de viejos etíopes y muchos curas negros. Los hombres llevan traje y corbata; las mujeres, túnicas blancas. La imagen es espectacular; están comiendo dulces y bebiendo zumos en el patio de la iglesia. Dentro huele a antiguo, es oscuro y estrecho, con pasadizos, iconos, como desgastado todo por el tiempo. Es un lugar impactante. La iglesia da por la otra puerta a la entrada de la iglesia del Santo Sepulcro.

He visto muchos judíos argentinos estos dos días, es decir que he oído a veces español pero en general hablo en inglés y a veces en árabe con los palestinos, especialmente para que no me timen en los cafés y tiendas. En una de recuerdos cristianos el vendedor me pregunta ¡que si soy libanés, por mi manera de hablar!
Pero en general varias veces me han confundido con un griego o con un chipriota (supongo que vienen muchos).
Los falafel aquí llevan picante (optativo) y se hacen con pan de pita. Apenas he visto pan árabe (sin levadura).
Ah, olvidaba, cerca de la Puerta de los Leones, en el mismo recinto de la iglesia de Santa Ana (construida por los Cruzados), están las cisternas y piscinas donde Jesucristo curó al paralítico. Un lugar lleno de paz donde huele a pino.
Tantas cosas cada día…
Mañana es viernes santo.

10 diciembre 2007

Notas de la Semana Santa en Jerusalem (1)

Miércoles, 7 de abril - 00 horas-Beirut-Estación de taxis colectivos “Al Marfaa”.

Noche de viaje completa. Intento dormir y no lo consigo; pero cierro los ojos porque no tengo ganas de hablar con el taxista. Salida de Líbano; entrada en Siria. Los policías son amables, las fronteras tranquilas; despertamos a los encargados de los visados. Apenas hay control.
Salida de Siria; entrada en Jordania a las 3 aproximadamente de la noche. También despertamos al policía de los visados. Todos son simpáticos. Uno me dice que el Madrid ha perdido.
Me devuelven el dinero del visado (10 dinares jordanos) porque tengo pasaporte de servicios.
Un taxista, amigo del mío, me invita a un café. Hace mucho frío y tengo poca ropa.
Antes de llegar a Ammán mi taxista me dice que le pague; quiere bastante más de lo que pactamos con el encargado. Dice que es un malentendido; regateo, ni pa ti ni pa mí, un poco más. Me dice: “Pero no te enfades conmigo”.
En el campo, para el taxi y yo me paso al de su amigo porque mi taxista ha llegado a su pueblo.



Estación "Al-Abdalíe", Ammán. Taxistas durmiendo en sus coches, mucho frío. Son las 4,30. En mi bolsillo hay dólares, libras libanesas, libras sirias y dinares jordanos (y después habrá también shekels israelíes).
Encuentro un taxista beduino con “kuffie”, “galavie” rota y muy tranquilo. Me pide 12 dinares por llevarme al puente del rey Hussein, frontera con Israel. Acepta 10.
Llegamos aún de noche, 5,30, todo está cerrado; esta frontera sólo se abre unas pocas horas al día. Cuando Israel quiere. Los policías jordanos no saben a qué hora podremos pasar. Así que el taxista ¡se queda una hora conmigo! Y con el policía de guardia.
Estoy practicando mi árabe. Después otro policía me invita a un café turco gigante.
No me cobran el visado tampoco. Cambiamos de edificio porque el ordenador no funciona. Encontramos también una paloma en el edificio; los policías intentan sacarla pero en la escaramuza le despluman la cola; a pesar de todo, se va volando.
Pero yo no: es de día, estoy muy cansado, casi sin dormir; cada vez me duele más la espalda; tengo los ojos resecos. Y aún me queda otra frontera muy dura y un taxi colectivo más.
Por fin salimos en un autobús para recorrer unos kilómetros de “tierra de nadie”; varios controles en el camino.
En nuestro autobús no van los palestinos; al llegar los vemos haciendo cola y nos tenemos que quedar dentro del autobús hasta que ésta casi ha terminado.
En el autobús de los “extranjeros” vamos sólo seis: una mujer de EE.UU. y su marido jordano; ella habla árabe con fluidez (lleva 35 años viviendo en Jordania) aunque con un terrible acento yanqui. Dos chicos con pasaporte francés pero de origen argelino. Un palestino con pasaporte de EE.UU. y que me habla español. Va a visitar a su familia en Ramallah.
Por supuesto, la “verdadera” norteamericana y su marido pasan mucho más rápido que nosotros. Unos tipos con pinta de acabar de llegar de una playa de California (si no fuera por sus metralletas) deciden a gritos quién pasa primero. Uno de ellos se lleva a los yanquis para que no esperen la cola. Los demás enseñamos los pasaportes y nos dice que esperemos nuestro turno.


Hay muchos controles, muchos. Muchas preguntas, muchas, las mismas, repetidas:
¿Cuál es el propósito de tu visita? (Ver la Semana Santa en Jerusalem)
¿Así que vives en Beirut? (Sí)
¿En qué trabajas? (...)
¿Cuánto tiempo vas a quedarte? (5 días)
[La chica policía, con nombre, apellido y cara rusos, tacha el sello de “15 días” y escribe a boli “one week”]
¿Hablas árabe? (Unas pocas palabras)
- Por favor, no me selléis el pasaporte*.
- Pasa por aquí. Espera aquí. Siéntate, por favor.
El último me llama todo el tiempo por mi apellido: “Entonces, ¿vives en Beirut?...”


Mi mochila ha desaparecido hace una hora y no la recuperaré hasta el final.

Por fin. Un taxi colectivo más y estoy en Jerusalem. Son las diez de la mañana: 10 horas de viaje, fronteras y más fronteras, taxis, esperas y enseñar el pasaporte a todo el mundo.
Hace un día soleado. Qué pena que me duela la espalda.
A pesar de eso, ando y ando, ando durante todo el día, hasta que no puedo más y la espalda cada vez está peor.
Son las seis de la tarde y me voy al hotel. Pido que me pongan ropa limpia en la cama porque la que hay debe de llevar meses puesta, por el olor que despide.
Me froto la espalda con el aceite consagrado que me ha dado un cura barbudo y con coleta (creo que hablaba armenio) en, ni más ni menos, el Santo Sepulcro, en la iglesia más sagrada de la Cristiandad.
Quiero tener fe en que el aceite me va a arreglar la espalda, en que mañana me despertaré como nuevo, sin dolor, e iré a ver la mezquita Al-Ahsa, a ver si tengo más suerte que hoy y me dejan entrar los soldados; me han dicho que “de 7 a 10 y de 12,30 a 13,30”.


Supongo que éste es el mejor sitio para tener fe.
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Primero, al llegar a Jerusalem doy vueltas por los zocos buscando un hotel; me quedo en el hostal “Al-Arab”, típica casa antigua, descuidada, sucia y con terraza. Es muy cutre el sitio, acorde con el precio, 11 dólares la noche.
Mi habitación está en la terraza y tiene 2 literas y un colchón más en el suelo. Las duchas colectivas funcionan, sorpresa.
A la calle, a ver el ambiente, gentes tan diferentes: palestinos, mujeres de los pueblos que venden verduras en el suelo, niños corriendo, comerciantes; judíos ultraortodoxos con sus tirabuzones, sus sombreros, sus ropas negras, que cruzan la calle al-Wad camino del muro de las lamentaciones, escoltados por jóvenes en camiseta, con la cabeza rapada y pistolas enganchadas a un brazo mecánico que cuelgan justo delante de la mano, ingenioso sistema para disparar rápido (parecen muy ligeras); judíos del Este de Europa, vestidos casi como la familia de “La casa de la pradera”. Militares y policías en cada esquina, en cada cruce, en las murallas; algunos turistas, que es Semana Santa; curas barbudos, ¿serán ortodoxos griegos, armenios, coptos, católicos,…? Los típicos zocos árabes: olores de especias, barullo, carne, tiendas de falafel; es difícil andar con tanta gente en calles tan estrechas. La ciudad te envuelve.
Sigo la calle y llego al Muro de las Lamentaciones: militares en la entrada, registros, arcos magnéticos. Uno me pregunta si llevo navajas u objetos punzantes. En el muro, la imagen tantas veces vista en la televisión: la gente rezando y moviendo la cabeza. Un espectáculo, muy visual.
Intento entrar a la Explanada de las Mezquitas para ver la Mezquita de la Roca (desde donde Mahoma ascendió a los cielos acompañado del arcángel Gabriel, y donde mucho antes Abraham preparó el sacrificio de su hijo. Uno de los muros del recinto es, del otro lado, el muro de las lamentaciones (supuestamente, resto del antiguo templo judío, aunque en realidad sea romano). No me dejan entrar los soldados israelíes: la entrada (para los no musulmanes) está restringida a una sola puerta y al periodo de 7 a 10 y de 12’30 a 13’30.
Visito el barrio judío, un alarde de nacionalismo; algunas camisetas para turistas son “dignas” de verse: “JerUSAlem”, “Jerusalem, ciudad del amor”, “Israelian Utzi*: Just do it”. En fin.
Visito el barrio armenio, un oasis de paz y silencio. Entre los dos barrios un ultraortodoxo me pregunta porqué estoy haciendo una foto de un póster: es sobre el genocidio armenio a manos de los turcos a principios del siglo XX. Porque genocidios también ha habido muchos, aunque algunos ni siquiera se reconozcan oficialmente.
Visito el barrio cristiano: la iglesia del Santo Sepulcro, donde termina el Via Crucis, donde Cristo fue crucificado y enterrado; llena de capillas de diferentes ritos cristianos; cristianos ruidosos; el ambiente tan terrenal no deja imaginarse, sentir lo que pasó aquí.
Entro en una capilla y unos curas están bendiciendo a la gente con aceite consagrado, poniéndoselo con un algodón sobre la cara y las manos. Las viejas acercan botes y botellas para que se los llenen de aceite. Me gustaría tener un poco de recuerdo y para regalar: salgo a la calle, compro un botellín de agua en una tienda de turistas a precio de turista. Me bebo el agua y vuelvo a la iglesia; llego a tiempo para que me pongan aceite en mi botella.
Si Jesús levantara la cabeza vería que las tiendas de los mercaderes siguen aquí.

Vuelta al zoco: como-ceno en un restaurante árabe, muy popular, donde se puede comer el pollo con los dedos y en grandes cantidades.
Es de noche. Necesito dormir. Escribo un poco y me duermo sobre las 8 de la tarde. El frío y la mezquita de al lado me despiertan sobre las 5. Me pongo otra manta y duermo hasta las 9.






*Siria y Líbano no reconocen al estado de Israel; tener un sello israelí en el pasaporte supone la prohibición de entrar a estos dos países, incluso si se reside en uno de ellos. Así que digamos que esta historia me la contó un amigo que tiene un amigo al que le pasó.

*Utzi: Marca de armas ligeras israelíes.

03 diciembre 2007

Esa tarde de domingo.

Esa tarde de domingo tenía, como tienen todas, un olor acre de algo que está muriendo.

Había camareros, un sol amarillo, flores amarillas,
sirvientas y niños y niños con sirvienta -sirvientas amarillas-.

Había también un mar callado, como de domingo.
Y un avión que llegaba a veces.

Había alguien que te esperaba, triste por esa tarde de domingo. Y por ti.
Pero que aún así te esperaba.

Había un faro encendido y muchos corazones apagados.

Y un vientecillo, agresivo en su pequeñez,
como un perro de tres kilos.

Y tú tenías ganas de que ese domingo por la tarde se muriera
de una vez,
llevándose con él al viento, al mar entero,
a la ausencia de perro
y a la melancolía.

Que fuese mañana por la mañana
y sentir el esfuerzo de empezar algo
mejor
que la nada
de esa tarde
de domingo.

Olas en la Corniche de Beirut.

A veces llegan salvajes, revueltas y grises,
con gaviotas gritando,
y ellas también gritan,
y saltan a la carretera, enfadadas,
y chocan contra los muros, histéricas...
y otra vez y otra vez y otra vez...

A veces vienen relajadas,
como empujadas por la manita de un niño,
sopladas por un viejo,
resbalando por una calle casi casi...casi
sin pendiente...

Depende.

Pero siempre vienen.
De día y de noche.

26 noviembre 2007

Otro día en Beirut.

Hace frío. Hace sol. Estoy cansado. Ahora a trabajar. Tap tap tap tap. ¡Bloom! La basura al contenedor. Era una bolsa bonita pero muy incómoda para usarla en otras cosas. Yo me ocupo de la basura. Selecciono bolsas por su tamaño, grosor, otras posibles utilidades, y pongo la apropiada en su lugar. Tengo 3 basuras en casa: una en la cocina, otra fuera de la cocina, para la casa. Otra, en el cuarto de baño porque en estos países los váteres no tragan bien y hay que echar el papel higiénico, las compresas y los botes vacíos de champú a una bolsa. Bueno, los botes vacíos de champú y las compresas, es normal. Y me da placer ver cómo la bolsa que he puesto, con su justo tamaño y grosor, se va llenando. Y cuando está llena, me da placer cerrarla, cambiarla por otra apropiada y tirar la llena al contenedor. Me siento bien.

A las 8’30 de la mañana. Ese hombre de bigote, el marido de la bruja de la tienda, que barre la calle y tiene un café turco en una silla y saluda a los que pasan del barrio. A mí, no. No tenemos costumbre. El gordo de la tienda de arriba, siempre sentado en la puerta. Enfrente, el taxista jubilado con su taxi, que aun funciona si pasa un extranjero. Entonces grita: “¡Takkksi!
Yo ni me inmuto.
Ha empezado otro día. La estudiante preciosa de la Universidad Americano-libanesa. El del taller de coches. El que come un bocadillo en la calle. Uno que saca dinero. La sirvienta. El gato. El todoterreno. Los taxis. La gasolinera.

Y después otras cosas y personas desde la ventanilla.
Otro día en Beirut.

Las palabras.

¿Acaso las palabras pueden moverse solas y saltar entre las líneas e incluso reproducirse?
No lo creo las palabras porque entonces las palabras las historias serían absurdas las palabras. No podríamos leerlas porque las palabras las palabras se habrían intercalado ocultándonos todo el sentido las palabras lógico del texto. ¡Qué tontería las palabras!
Las palabras las palabras no tienen vida. ¡Gracias a las palabras Dios! Nos las palabras volveríamos las palabras locos las palabras y eso las palabras no puede las palabras pasar.
Al menos las palabras no ha pasado hasta las palabras ahora las palabras las palabras.

¿Y las pala pueden romperse bras?

La hoja.

Se ha caído una hoja gigante y retorcida de un árbol. Era marrón y estaba reseca. Parecía una rata y una gran vaina no comestible.
Y se me ha abierto un agujerito en la cabeza. No sé cuál es la relación pero alguna debe haber porque estas cosas no pasan por casualidad. Pasan por causalidad (como decía aquel filósofo incomprendido hasta por él mismo).
El agujerito era redondo, como de balín y supuraba liquidillo con olor de gardenia. Y caía por el cuello, la camisa...
Me acordé de un cuadro de Dalí, de uno cualquiera. Tal vez él tuvo un día un agujerito en la cabeza, como yo. En aquella época en la que se creyó inmortal porque estaba vivo.

19 noviembre 2007

La situación en Líbano.

El viernes 23 de noviembre termina el discutible mandato del Presidente de Líbano, Emile Lahoud.
Pero todavía no se sabe quién lo va a sustituir, ni siquiera si lo va a sustituir alguien.
Algunos pensamos que sin jefes las cosas funcionan mejor, especialmente sin malos jefes.
Y en Líbano al parecer están intentando encontrar a un jefe bueno (difícil), moderado (muy difícil), neutral y de consenso (casi imposible)
Bueno, ¿lo están intentando realmente?
Porque aquí el Presidente debe ser cristiano maronita por ley (lo mismo que el Primer Ministro musulmán suní y el presidente del Parlamento musulmán chií) y es elegido por el Parlamento, sin participación directa del pueblo.
Y las reuniones parlamentarias para elegir al Presidente se han ido aplazando por falta de acuerdo hasta llegar al siguiente calendario:
-21 de noviembre: Pleno parlamentario para elegir al preidente.
-22 de noviembre: Fiesta Nacional.
-23 de noviembre: Termina el plazo legal.
Qué emocionante, ¿no?
Una de 2: O las posturas siguen tan alejadas que no se ha podido convocar al Parlamento antes...en ese caso difícil será que en una sola sesión se pongan de acuerdo.
O todo está decidido desde hace tiempo; y entonces el 23 se presentará al nuevo presidente de consenso y será el comienzo de nuevas negociaciones entre las partes. O al nuevo presidente sin consenso y dejando fuera a la mitad de las fuerzas políticas del país, y será el comienzo de un periodo difícil y violento.

La actual división del país en 2 bloques políticos, con su consiguiente parálisis política, económica, social, no obedece a razones confesionales sino de intereses de poder y alianzas internas e internacionales.
El bloque del gobierno, mal llamado"antisirio", está formado sobre todo por la mayoría de los musulmanes suníes, la mayoría de los drusos y la mitad de los cristianos maronitas (los falangistas).
La oposición, que se retiró del parlamento hace meses, está dominada por la mayoría de los chiíes (los grupos de Hezbollah y Amal) y la otra mitad de los maronitas cristianos (los seguidores del general Aoun). Son los mal llamados "prosirios".
Multitud de pequeñas formaciones están aliadas a uno u otro bloque.
Lo que les opone es casi todo, a pesar de que los 2 bloques estén llenos de políticos chaqueteros, señores de la guerra, jefes de clanes, hombres de negocios y demás calaña.

Quizás se exagera cuando se dice que las decisiones del gobierno se toman en la Embajada de Estados Unidos, pero sí es evidente la influencia del gobierno Bush en este grupo.
Lo mismo que la de Siria e Irán en el grupo de la oposición.
Últimamente las presiones externas y los supuestos intentos para acercar a las partes se multiplican: Estados Unidos, Francia, la Unión Europea, Rusia, Irán, todos aparecen en el oscuro panorama de este débil, complicado e inestable país. Desde dentro, el patriarca maronita, Sfeir, intenta reunir a los hermanos peleados.

Así las cosas, vamos a ver qué pasa el día 23 (también vamos a ver si antes de ese día hay bombas de cualquier interesado en que crezca la tensión, el caos y el vacío de poder en Líbano).
Y quedan 2 posibilidades:
1. El 23 se elegirá a un candidato de transición aceptado por ambas partes.
2. No se llegará a un acuerdo y entonces los parlamentarios pro-gubernamentales elegirán a un candidato propio con la mayoría simple que poseen.
En este caso la Oposición no aceptará el resultado y puede incluso que presente a su propio Presidente.
2 países, 2 presidentes y muchos problemas.
El "Presidente" progubernamental será designado como único legal por la "Comunidad Internacional", es decir, por Estados Unidos. Y por lo tanto, por la ONU, Europa, etc.
El "Presidente" de la oposición será por tanto declarado "ilegal", representante de grupos "terroristas" y reconocido sólo por los países del "eje del mal", los malos de esta peli de Hollywood.
Quizás sea esto lo que buscan ciertos países, lo que ya han hecho en Palestina, "ilegalizar" a la mitad del país y tener así carta blanca para que empiece la caza al Hezbollah, que pasaría así a ser un grupo terrorista dentro de un gobierno ilegal.
Perfecto.
Y si hay una guerra, que sea entre buenos y malos, que así es todo más claro, ¿no?