
18 noviembre 2009
16 noviembre 2009
11 noviembre 2009
El precio de la creación.
En el mundo actual la cultura se ha democratizado: ya se sabe, “el hijo del obrero, a la universidad”. Murieron los siglos en los que sólo los nobles y los curas sabían escribir y los otros eran analfabetos siervos de la gleba destinados a procrear descendientes que también serían mano de obra procreadora a su vez de mano de obra.
Tampoco vamos a exagerar: en la España democrática los diplomáticos siguen siendo en su mayoría hidalgos, hijos de algo o de alguien; los escritores, niños de papá; los políticos, hijos de políticos (franquistas) o de puta. Las clases sociales se perpetúan todavía y el hijo de la clase alta raramente se verá afectado por el paro, la crisis, la pobreza.
Pero ha habido 2 “revoluciones”, una vomitiva y otra positiva.
La primera es que ahora se puede medrar con tu papá PSOE o PP o PNV o CIU… Diréis que el enchufismo, el amiguismo, la corrupción, el pago de favores y los estómagos agradecidos son más antiguos que Don Pelayo y toda su rancia estirpe. Es cierto, pero con la diferencia de que ahora nadie se queda “cesante”, el pastel es grande y hay trozo para todos los que alguna vez han conseguido acercarse a la mesa.
La positiva es que ahora, con la tecnología y la globalización, el “pastel” cultural también es más grande y más gente tiene acceso a él. Se puede, por ejemplo, publicar y alimentar el ego en periódicos y revistas digitales. Esto tampoco es la panacea, que ya se sabe que la cultura es barata, excepto para la SGAE, y que un Dj, es decir, un pinchadiscos, gana más que un poeta. Pero algo es algo.
El precio de la creación está de rebajas, se paga mucho más el kilo de morro. En los concursos culturales el premio es una enciclopedia y un fin de semana en temporada baja en un balneario para el gran campeón que ha vencido en 12 programas consecutivos. Pero hay un apartamento, un coche y una televisión de plasma para el que acierte el precio justo de un kilo de lentejas, o para el que sea capaz de hacer el tonto durante 2 horas mientras abre cajas de cartón a ver qué premio hay dentro.
Hace unos años un amigo cobró 200.000 ptas por la publicación de un libro que había traducido del árabe al español. Más un porcentaje si las ventas pasaban de, digamos, mil ejemplares, lo cual se antojaba harto difícil teniendo en cuenta que el autor traducido no era el cantamañanas de Dan Brown sino un filósofo iraquí del siglo IX. A mi amigo le quedaba el no pequeño consuelo de ver su nombre chiquitito en páginas interiores así como el de incluir en su currículum la publicación de un libro.
Se pagan 60 euros por un artículo en un periódico de gran tirada; excepto, claro está, si eres Javier Marías, Pérez guion Reverte, Maruja Torres, Espido Freire, y congéneres, que el precio no está en función de cómo o qué escribas sino de la firma.
En todo caso, si escribes sin muchas faltas de ortografía, no es difícil publicar. Veamos un caso:
“Soitu.es” es un periódico digital que publica entre otras cosas artículos de españoles que viven en el extranjero, o incluso en diversas ciudades españolas. Tú escribes algo sobre tu ciudad y se lo mandas. Entonces ellos, si les interesa, te dicen que sí, pero cumpliendo una serie de normas: nada de política ni religión, ni de crítica, polémica o alardes literarios, ni de lo que sea. Lo que queremos es que escribas un articulillo simpático y positivo de la ciudad, que nos presentes la vida cotidiana y cultural, una visión clara y sencilla y sin compromiso. Que la pueda leer por ejemplo la pareja que piensa pasar el próximo fin de semana en Budapest aprovechando el excelente precio de los billetes si se compran con antelación.
A partir de ahí, tú tiras lo que has escrito, buscas datos de interés en cualquier guía turística y los salpicas de un toque personal, que para eso vives allí. Y lo envías.
Y si les interesa esta vez y cumple los requisitos y el espíritu, pues te lo publican. Y si no, no, que para eso el periódico es suyo.
Vayamos al pago: 20 € + el gozo de difundir entre tus amiguetes y conocidos que publicas en Soitu.es.
Pero, un momento. Comprenderás que hacer un cheque de 20 € no es más que trabajo y molestias.
Así que Soitu.es te propone lo siguiente: “Cuando te hayamos publicado 5 artículos te enviamos 100 €”.
Tentado estuve de mandarles un churro-artículo y después otro y otro… Sólo para comprobar si publicar el quinto era tan difícil como encontrar el rey de bastos en los boletos de las tómbolas de las ferias, o conseguir el futbolista que nunca salía en las colecciones de cromos cuando éramos niños.
Tampoco vamos a exagerar: en la España democrática los diplomáticos siguen siendo en su mayoría hidalgos, hijos de algo o de alguien; los escritores, niños de papá; los políticos, hijos de políticos (franquistas) o de puta. Las clases sociales se perpetúan todavía y el hijo de la clase alta raramente se verá afectado por el paro, la crisis, la pobreza.
Pero ha habido 2 “revoluciones”, una vomitiva y otra positiva.
La primera es que ahora se puede medrar con tu papá PSOE o PP o PNV o CIU… Diréis que el enchufismo, el amiguismo, la corrupción, el pago de favores y los estómagos agradecidos son más antiguos que Don Pelayo y toda su rancia estirpe. Es cierto, pero con la diferencia de que ahora nadie se queda “cesante”, el pastel es grande y hay trozo para todos los que alguna vez han conseguido acercarse a la mesa.
La positiva es que ahora, con la tecnología y la globalización, el “pastel” cultural también es más grande y más gente tiene acceso a él. Se puede, por ejemplo, publicar y alimentar el ego en periódicos y revistas digitales. Esto tampoco es la panacea, que ya se sabe que la cultura es barata, excepto para la SGAE, y que un Dj, es decir, un pinchadiscos, gana más que un poeta. Pero algo es algo.
El precio de la creación está de rebajas, se paga mucho más el kilo de morro. En los concursos culturales el premio es una enciclopedia y un fin de semana en temporada baja en un balneario para el gran campeón que ha vencido en 12 programas consecutivos. Pero hay un apartamento, un coche y una televisión de plasma para el que acierte el precio justo de un kilo de lentejas, o para el que sea capaz de hacer el tonto durante 2 horas mientras abre cajas de cartón a ver qué premio hay dentro.
Hace unos años un amigo cobró 200.000 ptas por la publicación de un libro que había traducido del árabe al español. Más un porcentaje si las ventas pasaban de, digamos, mil ejemplares, lo cual se antojaba harto difícil teniendo en cuenta que el autor traducido no era el cantamañanas de Dan Brown sino un filósofo iraquí del siglo IX. A mi amigo le quedaba el no pequeño consuelo de ver su nombre chiquitito en páginas interiores así como el de incluir en su currículum la publicación de un libro.
Se pagan 60 euros por un artículo en un periódico de gran tirada; excepto, claro está, si eres Javier Marías, Pérez guion Reverte, Maruja Torres, Espido Freire, y congéneres, que el precio no está en función de cómo o qué escribas sino de la firma.
En todo caso, si escribes sin muchas faltas de ortografía, no es difícil publicar. Veamos un caso:
“Soitu.es” es un periódico digital que publica entre otras cosas artículos de españoles que viven en el extranjero, o incluso en diversas ciudades españolas. Tú escribes algo sobre tu ciudad y se lo mandas. Entonces ellos, si les interesa, te dicen que sí, pero cumpliendo una serie de normas: nada de política ni religión, ni de crítica, polémica o alardes literarios, ni de lo que sea. Lo que queremos es que escribas un articulillo simpático y positivo de la ciudad, que nos presentes la vida cotidiana y cultural, una visión clara y sencilla y sin compromiso. Que la pueda leer por ejemplo la pareja que piensa pasar el próximo fin de semana en Budapest aprovechando el excelente precio de los billetes si se compran con antelación.
A partir de ahí, tú tiras lo que has escrito, buscas datos de interés en cualquier guía turística y los salpicas de un toque personal, que para eso vives allí. Y lo envías.
Y si les interesa esta vez y cumple los requisitos y el espíritu, pues te lo publican. Y si no, no, que para eso el periódico es suyo.
Vayamos al pago: 20 € + el gozo de difundir entre tus amiguetes y conocidos que publicas en Soitu.es.
Pero, un momento. Comprenderás que hacer un cheque de 20 € no es más que trabajo y molestias.
Así que Soitu.es te propone lo siguiente: “Cuando te hayamos publicado 5 artículos te enviamos 100 €”.
Tentado estuve de mandarles un churro-artículo y después otro y otro… Sólo para comprobar si publicar el quinto era tan difícil como encontrar el rey de bastos en los boletos de las tómbolas de las ferias, o conseguir el futbolista que nunca salía en las colecciones de cromos cuando éramos niños.
09 noviembre 2009
El VVIP.



El árabe es ostentoso por naturaleza; si tiene dinero le gusta mostrarlo, en su coche, en su casa, sus muebles, ropa, complementos… Si no lo tiene, le gusta aparentar que lo tiene.
Cuántas veces en Beirut se ve a una persona bajarse de su BMW o de su todoterreno gigante para comprarse un falafel de 2.000 liras (1 €) y comerlo discretamente dentro del coche.
Lo contrario de los españoles, que contamos que esa camisa tan bonita que nos están alabando nos ha costado 10 € en las rebajas.
En España la gente tiene paranoia a que se reconozca el número de matrícula de su coche, mientras que en Líbano, el que puede y el que no, pagan mucho dinero para que su matrícula sea capicúa o tenga pocos números o sea fácil de recordar.
Cuando ordenamos los billetes normalmente ponemos los de más valor dentro, dejando fuera los pequeños. Curiosamente es lo contrario lo que se hace aquí: el billete grande envuelve a los pequeños. Quizás porque en los países de Oriente Medio apenas hay robos; quizás por ostentación; o tal vez por una psicológica sensación de protección del dinero por nuestra parte.
El caso es que en Líbano asistimos constantemente a ridículos alardes de “nuevo rico” y a una obsesión por la imagen de lo más llamativa.
En una ciudad de calles estrechas y en mal estado, con coches aparcados en triple fila y atascos constantes, el libanés no tiene otra idea que comprarse un todo terreno, un Mercedes o un Hammer. Cuanto más grande mejor, aunque no quepa. Ni siquiera los italianos hacen eso, hablando de pueblos obsesionados con la imagen.
En todos los países hay atracción por el lujo y el privilegio. Qué bonito entrar y salir el primero del avión y que nos vean con una copa en la mano que los otros no tendrán. Aunque según un estudio de la Universidad de Wisconsin el 95% de los viajeros en primera clase no ha pagado su billete, sino su empresa o institución, que el dinero público nos hace más generosos que el propio.
Así que en un país con la mentalidad de Líbano no basta con ser un VIP. Eso es vulgar.
Si a una discoteca “selecta” van muchos VIPs, se trata de ser el VVIP entre ellos, el very very, pero very que te cagas, important person.
Desgraciadamente los conciertos de bacalao también abundan en Beirut. Casi cada fin de semana viene un pinchadiscos europeo que siempre está entre los 10 mejores del mundo; he visto anunciados al menos 30.
En esas veladas de chundachunda se establecen 3 categorías de entradas: “Regular”, o sea, adolescentes pijos pero con paga del domingo; “VIP”, o sea, normal; y “VVIP”, o sea, lo más, los que tienen derecho a sentarse más cerca del “artista”.
¿Quién forma esta élite?
Pues, entre otros, horteras con mucho dinero, conseguido no hace mucho no se sabe muy bien cómo; hombres de negocios-políticos-empresarios-de las familias que controlan, todo en uno; traficantes de algo acompañados de 3 modelos con el doble de altura y la mitad de años que ellos; juventud dorada del Golfo, hijos del petróleo, el lujo y la contradicción, venidos a Beirut a hacer todo lo que no está permitido en su país (que es todo) en cuestión de sexo, drogas y rock’n’roll.
Yo no sé si la “i” del VVIP es de important o de impresentable, pero creo que si esto sigue así habrá que añadir otra “v”.
Cuántas veces en Beirut se ve a una persona bajarse de su BMW o de su todoterreno gigante para comprarse un falafel de 2.000 liras (1 €) y comerlo discretamente dentro del coche.
Lo contrario de los españoles, que contamos que esa camisa tan bonita que nos están alabando nos ha costado 10 € en las rebajas.
En España la gente tiene paranoia a que se reconozca el número de matrícula de su coche, mientras que en Líbano, el que puede y el que no, pagan mucho dinero para que su matrícula sea capicúa o tenga pocos números o sea fácil de recordar.
Cuando ordenamos los billetes normalmente ponemos los de más valor dentro, dejando fuera los pequeños. Curiosamente es lo contrario lo que se hace aquí: el billete grande envuelve a los pequeños. Quizás porque en los países de Oriente Medio apenas hay robos; quizás por ostentación; o tal vez por una psicológica sensación de protección del dinero por nuestra parte.
El caso es que en Líbano asistimos constantemente a ridículos alardes de “nuevo rico” y a una obsesión por la imagen de lo más llamativa.
En una ciudad de calles estrechas y en mal estado, con coches aparcados en triple fila y atascos constantes, el libanés no tiene otra idea que comprarse un todo terreno, un Mercedes o un Hammer. Cuanto más grande mejor, aunque no quepa. Ni siquiera los italianos hacen eso, hablando de pueblos obsesionados con la imagen.
En todos los países hay atracción por el lujo y el privilegio. Qué bonito entrar y salir el primero del avión y que nos vean con una copa en la mano que los otros no tendrán. Aunque según un estudio de la Universidad de Wisconsin el 95% de los viajeros en primera clase no ha pagado su billete, sino su empresa o institución, que el dinero público nos hace más generosos que el propio.
Así que en un país con la mentalidad de Líbano no basta con ser un VIP. Eso es vulgar.
Si a una discoteca “selecta” van muchos VIPs, se trata de ser el VVIP entre ellos, el very very, pero very que te cagas, important person.
Desgraciadamente los conciertos de bacalao también abundan en Beirut. Casi cada fin de semana viene un pinchadiscos europeo que siempre está entre los 10 mejores del mundo; he visto anunciados al menos 30.
En esas veladas de chundachunda se establecen 3 categorías de entradas: “Regular”, o sea, adolescentes pijos pero con paga del domingo; “VIP”, o sea, normal; y “VVIP”, o sea, lo más, los que tienen derecho a sentarse más cerca del “artista”.
¿Quién forma esta élite?
Pues, entre otros, horteras con mucho dinero, conseguido no hace mucho no se sabe muy bien cómo; hombres de negocios-políticos-empresarios-de las familias que controlan, todo en uno; traficantes de algo acompañados de 3 modelos con el doble de altura y la mitad de años que ellos; juventud dorada del Golfo, hijos del petróleo, el lujo y la contradicción, venidos a Beirut a hacer todo lo que no está permitido en su país (que es todo) en cuestión de sexo, drogas y rock’n’roll.
Yo no sé si la “i” del VVIP es de important o de impresentable, pero creo que si esto sigue así habrá que añadir otra “v”.
02 noviembre 2009
Carrefour Caca.
Ya se sabe que para vender todo vale: la exageración y la mentira, la comparación odiosa, el sexismo, la utilización de los niños, de los moribundos y de los indefensos…
Entre las formas de marketing guarro que triunfan actualmente hay 2 que encuentro particularmente abyectas e hipócritas: la primera es la culpabilización del ciudadano (muy utilizada por los gobiernos en su publicidad institucional); a través de ella la gente de a pie pasamos directamente a ser la causa de todos los males del país y del mundo, cuando los verdaderos culpables son la codicia del sistema y la ineptitud de los gobernantes. Así, resulta que somos responsables del calentamiento de la atmósfera, del deshielo de los polos, de los accidentes de tráfico, de los incendios forestales y hasta de la gripe A. Por ejemplo se nos cuenta la milonga culpabilizadora de los “Pezqueñines, no gracias”, como si el consumidor tuviera que medir con regla el pescado que compra en lugar de hacerlo el pescador que lo pesca, el vendedor que lo vende y el estado que debería controlar a ambos.
La segunda es la de las empresas que, con ánimo de lucro, desfachatez e insólita hipocresía, pretenden lavar su imagen asociándola a valores positivos como la familia, lo natural, la ecología y la labor social. Así los bancos-vampiro hacen publicidad de su supuesta “obra social”, las empresas contaminantes de su supuesto “compromiso con el medio ambiente”, McDonald’s de sus supuestas ensaladas sanas y orgánicas, los ejércitos de su supuesta “labor humanitaria”, Estados Unidos de su supuesta “lucha por la libertad y la democracia”, y hasta la mayonesa industrial es como la que hacía tu abuelita. A la imposición lingüística se le llama “normalización” y Cocacola es un ejemplo ecológico porque fabrica el líquido infecto en tu barrio en lugar de traerlo en contaminantes aviones desde USA. Y de paso se ahorra una pasta en mano de obra y transporte, que resulta que es de lo que se trata.
Este verano he sufrido la asfixiante y pesada campaña de Carrefour para justificar la eliminación de las bolsas de plástico de sus supermercados. Es cierto que en muchos países europeos se empezó a hacer hace años con los consiguientes beneficio para el planeta enterito e incomodidad para el cliente, que se ve obligado a llevar por la calle las latas de guisantes debajo de los sobacos o en las partes pudendas. En España es sólo cuestión de tiempo que todos los supermercados hagan lo mismo
También es verdad que las bolsas de plástico no son biodegradables y que contaminan la naturaleza de forma duradera.
Lo que no es verdad es que los potentados dueños de Carrefour se hayan levantado de la cama un buen día preocupados por el medioambiente.
En realidad se levantan todas las mañanas preocupados por acrecentar sus ya desorbitantes beneficios.
Ante la sospecha de una parte de la ciudadanía de que Carrefour lo que está haciendo es un gran negocio en nombre de la ecología, además de darse una imagen de un compromiso social que nunca había tenido y empeorar notablemente los servicios que ofrecen sin abaratar los precios por ello, los responsables de comunicación alegan que la campaña para concienciar a la gente de que el plástico es “caca” les ha costado más de lo que van a ahorrar en bolsas. Muy bonito; sólo que la campaña se hace una vez, que la gente se acostumbra muy rápido a todo, y el ahorro es continuo y para siempre.
El hecho es que los productos que compramos en un supermercado ocupan, pesan y son incómodos de transportar, y el supermercado debe facilitarnos la labor porque en eso consiste el buen trato al cliente. Si el plástico contamina que nos den –en lugar de venderla, qué listos- una bolsa ecológica, o de papel reciclado, seda o cáñamo trenzado. Lo que prefieran.
Lo que no se puede es ser ecologista a costa de los demás, empeorando el servicio, obligando a los otros, y además ganando mucho dinero. Así se haría ecologista hasta Georges Bush.
Es como si al pescatero del barrio le da la vena ecológica y a partir de entonces las señoras se tienen que llevar las pescadillas en las manos. O el café del Starbucks que lo echen directamente en la boca del cliente para ahorrar vasos de plástico y salvar al planeta.
En todo caso, yo estaba dispuesto a creer en la buena fe y el neo-ecologismo de Carrefour y de todos los supermercados que le van a seguir. Entré en uno de ellos, al azar, provisto, para el transporte de las viandas, de una cesta de mimbre que hubiera causado la admiración de la propia Caperucita… y lo que vi me llenó de pasmo, espanto ecológico y horror existencial…:
Las botellas de agua mineral son de plástico, las de Cocacola, zumo, leche…también. Los productos están llenos de plástico, cartones y papeles innecesarios excepto para hacer más atractiva su imagen. La fruta y la verdura están envueltas en plástico. Los embutidos se envasan al vacío con plástico. Los yogures con bifidus activo y L-casitas…son de plástico. Hasta los carritos son de plástico.
La tarjeta de crédito que el supermercado acepta encantado para cobrar es de plástico. A ver…los juguetes son de plástico.
Plástico por todas partes. Un universo aberrante de plástico. Carrefour es plástico-caca.
Y lo que no es plástico es papel, que mata árboles y destruye la Amazonia y cuyo proceso de fabricación es mucho más contaminante que el del plástico. Y si no que se lo pregunten a los que viven a pocos kilómetros de una fábrica papelera, con esas nubes de humo, esa espuma de colores en el río y ese constante olor a mierda en el aire.
Y lo que no es plástico ni papel ni cartón es metal o vidrio contaminantes y tan poco biodegradables como el plástico.
En los supermercados también venden pilas, altamente tóxicas y que permanecen en la tierra cientos de años y se filtran en las capas freáticas envenenando el agua.
Por no hablar de otros “detalles”: supongo que habéis visto en los documentales las condiciones laborales de los chinos que fabrican muchos de esos productos; o la esclavitud de los obreros que cultivan las flores que compras; o las enfermedades que le producen al trabajador tercermundista los productos químicos empleados en la fabricación de los pantalones vaqueros.
No olvidemos tampoco que en el supermercado puedes comprar también fruta y verdura genéticamente modificada, cuyos perjuicios para la salud sorprendentemente no acaban de aclararse; o bollería industrial, responsable en gran medida de que la obesidad infantil en España se haya duplicado; también puedes comprar insecticidas, matarratas, teléfonos que despiden ondas nocivas, alimentos que elevan el colesterol y aumentan el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
En muchos de estos establecimientos venden malísimo tabaco y en todos podemos encontrar un gran surtido de bebidas alcohólicas que dañan el hígado y son responsables de la gran tasa de alcoholismo que ostenta nuestro país, así como de violencias conyugales y absentismo laboral. Asimismo podemos adquirir videojuegos, películas y aparatos que fomentan la violencia y hacen que tu hijo sea un imbécil y un zombi asocial, carne de psicólogo.
En fin, para qué seguir, las 2 conclusiones son claras:
a) El plástico es muy malo.
b) No me gustan los falsos ecologistas de pacotilla que van de buenos a costa de los clientes y haciendo negocio de ello. De momento no tengo intención de visitarles mucho; pero si un día, por ejemplo, eliminan sus aparcamientos gigantes para fomentar el uso del transporte público y luchar contra la principal causa de contaminación en nuestras ciudades, que es el coche, entonces igual me empiezo a convencer de sus buenas intenciones.
Entre las formas de marketing guarro que triunfan actualmente hay 2 que encuentro particularmente abyectas e hipócritas: la primera es la culpabilización del ciudadano (muy utilizada por los gobiernos en su publicidad institucional); a través de ella la gente de a pie pasamos directamente a ser la causa de todos los males del país y del mundo, cuando los verdaderos culpables son la codicia del sistema y la ineptitud de los gobernantes. Así, resulta que somos responsables del calentamiento de la atmósfera, del deshielo de los polos, de los accidentes de tráfico, de los incendios forestales y hasta de la gripe A. Por ejemplo se nos cuenta la milonga culpabilizadora de los “Pezqueñines, no gracias”, como si el consumidor tuviera que medir con regla el pescado que compra en lugar de hacerlo el pescador que lo pesca, el vendedor que lo vende y el estado que debería controlar a ambos.
La segunda es la de las empresas que, con ánimo de lucro, desfachatez e insólita hipocresía, pretenden lavar su imagen asociándola a valores positivos como la familia, lo natural, la ecología y la labor social. Así los bancos-vampiro hacen publicidad de su supuesta “obra social”, las empresas contaminantes de su supuesto “compromiso con el medio ambiente”, McDonald’s de sus supuestas ensaladas sanas y orgánicas, los ejércitos de su supuesta “labor humanitaria”, Estados Unidos de su supuesta “lucha por la libertad y la democracia”, y hasta la mayonesa industrial es como la que hacía tu abuelita. A la imposición lingüística se le llama “normalización” y Cocacola es un ejemplo ecológico porque fabrica el líquido infecto en tu barrio en lugar de traerlo en contaminantes aviones desde USA. Y de paso se ahorra una pasta en mano de obra y transporte, que resulta que es de lo que se trata.
Este verano he sufrido la asfixiante y pesada campaña de Carrefour para justificar la eliminación de las bolsas de plástico de sus supermercados. Es cierto que en muchos países europeos se empezó a hacer hace años con los consiguientes beneficio para el planeta enterito e incomodidad para el cliente, que se ve obligado a llevar por la calle las latas de guisantes debajo de los sobacos o en las partes pudendas. En España es sólo cuestión de tiempo que todos los supermercados hagan lo mismo
También es verdad que las bolsas de plástico no son biodegradables y que contaminan la naturaleza de forma duradera.
Lo que no es verdad es que los potentados dueños de Carrefour se hayan levantado de la cama un buen día preocupados por el medioambiente.
En realidad se levantan todas las mañanas preocupados por acrecentar sus ya desorbitantes beneficios.
Ante la sospecha de una parte de la ciudadanía de que Carrefour lo que está haciendo es un gran negocio en nombre de la ecología, además de darse una imagen de un compromiso social que nunca había tenido y empeorar notablemente los servicios que ofrecen sin abaratar los precios por ello, los responsables de comunicación alegan que la campaña para concienciar a la gente de que el plástico es “caca” les ha costado más de lo que van a ahorrar en bolsas. Muy bonito; sólo que la campaña se hace una vez, que la gente se acostumbra muy rápido a todo, y el ahorro es continuo y para siempre.
El hecho es que los productos que compramos en un supermercado ocupan, pesan y son incómodos de transportar, y el supermercado debe facilitarnos la labor porque en eso consiste el buen trato al cliente. Si el plástico contamina que nos den –en lugar de venderla, qué listos- una bolsa ecológica, o de papel reciclado, seda o cáñamo trenzado. Lo que prefieran.
Lo que no se puede es ser ecologista a costa de los demás, empeorando el servicio, obligando a los otros, y además ganando mucho dinero. Así se haría ecologista hasta Georges Bush.
Es como si al pescatero del barrio le da la vena ecológica y a partir de entonces las señoras se tienen que llevar las pescadillas en las manos. O el café del Starbucks que lo echen directamente en la boca del cliente para ahorrar vasos de plástico y salvar al planeta.
En todo caso, yo estaba dispuesto a creer en la buena fe y el neo-ecologismo de Carrefour y de todos los supermercados que le van a seguir. Entré en uno de ellos, al azar, provisto, para el transporte de las viandas, de una cesta de mimbre que hubiera causado la admiración de la propia Caperucita… y lo que vi me llenó de pasmo, espanto ecológico y horror existencial…:
Las botellas de agua mineral son de plástico, las de Cocacola, zumo, leche…también. Los productos están llenos de plástico, cartones y papeles innecesarios excepto para hacer más atractiva su imagen. La fruta y la verdura están envueltas en plástico. Los embutidos se envasan al vacío con plástico. Los yogures con bifidus activo y L-casitas…son de plástico. Hasta los carritos son de plástico.
La tarjeta de crédito que el supermercado acepta encantado para cobrar es de plástico. A ver…los juguetes son de plástico.
Plástico por todas partes. Un universo aberrante de plástico. Carrefour es plástico-caca.
Y lo que no es plástico es papel, que mata árboles y destruye la Amazonia y cuyo proceso de fabricación es mucho más contaminante que el del plástico. Y si no que se lo pregunten a los que viven a pocos kilómetros de una fábrica papelera, con esas nubes de humo, esa espuma de colores en el río y ese constante olor a mierda en el aire.
Y lo que no es plástico ni papel ni cartón es metal o vidrio contaminantes y tan poco biodegradables como el plástico.
En los supermercados también venden pilas, altamente tóxicas y que permanecen en la tierra cientos de años y se filtran en las capas freáticas envenenando el agua.
Por no hablar de otros “detalles”: supongo que habéis visto en los documentales las condiciones laborales de los chinos que fabrican muchos de esos productos; o la esclavitud de los obreros que cultivan las flores que compras; o las enfermedades que le producen al trabajador tercermundista los productos químicos empleados en la fabricación de los pantalones vaqueros.
No olvidemos tampoco que en el supermercado puedes comprar también fruta y verdura genéticamente modificada, cuyos perjuicios para la salud sorprendentemente no acaban de aclararse; o bollería industrial, responsable en gran medida de que la obesidad infantil en España se haya duplicado; también puedes comprar insecticidas, matarratas, teléfonos que despiden ondas nocivas, alimentos que elevan el colesterol y aumentan el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
En muchos de estos establecimientos venden malísimo tabaco y en todos podemos encontrar un gran surtido de bebidas alcohólicas que dañan el hígado y son responsables de la gran tasa de alcoholismo que ostenta nuestro país, así como de violencias conyugales y absentismo laboral. Asimismo podemos adquirir videojuegos, películas y aparatos que fomentan la violencia y hacen que tu hijo sea un imbécil y un zombi asocial, carne de psicólogo.
En fin, para qué seguir, las 2 conclusiones son claras:
a) El plástico es muy malo.
b) No me gustan los falsos ecologistas de pacotilla que van de buenos a costa de los clientes y haciendo negocio de ello. De momento no tengo intención de visitarles mucho; pero si un día, por ejemplo, eliminan sus aparcamientos gigantes para fomentar el uso del transporte público y luchar contra la principal causa de contaminación en nuestras ciudades, que es el coche, entonces igual me empiezo a convencer de sus buenas intenciones.
27 octubre 2009
26 octubre 2009
22 octubre 2009
20 octubre 2009
18 octubre 2009
8 euros.
Un día, en mi cartilla del banco me encuentro un “-8 euros” correspondiente a la comisión trimestral por el mantenimiento de mi tarjeta de crédito.
Juro por San Abraham Usurero, patrono de los banqueros, que se me ocurren millones de sitios mejores para ir durante mis vacaciones que las asépticas oficinas de un putobanco.
Pero resulta que me molesta que una institución a la que le presto mi dinero amablemente pretenda cobrarme por hacerlo. Como dice el castizo refrán, encima de puta pongo la cama.
Así que me dirijo renqueante al templo de los mercaderes y lo primero que escucho es otra castiza expresión española: “Es que el director no está en este momento”.
Tengo la suerte de ser uno de los pocos españoles que no posee una casa y por lo tanto una hipoteca; así que decido hablar con el cambista como el cambista merece: “¿Me puedes explicar qué gastos de mantenimiento tiene el banco a causa de mi tarjeta de crédito? ¿Es para pagar la electricidad del cajero automático o el plástico de la tarjeta?”
El comerciante de dinero me explica, “bueno, a veces hay gastos que los clientes no sabéis”.
Joder, pues precisamente por eso te lo estoy preguntando.
Bueeeno, también tengo la suerte de que haya más bancos que cucarachas, por lo que le exijo al caballero que me quite la comisión.
Y lo hace. Porque prefiere que no me vaya a otro banco y sabe que a mí me da igual si tengo que elegir entre la mierda de gato y la mierda de gata.
Y así hasta el próximo trimestre en que intentarán colocarme otra vez la comisión.
Con los 8 euros que he rescatado en el antro de los prestamistas, en la cueva de Alí Babá, me compro el periódico y me voy a tomar un café….
“El Correo”, 16 de agosto de 2009: “Las comisiones bancarias suben más de un 6% en un año”. “Tener una cuenta corriente o una libreta a la vista, sacar dinero de ella, también ingresarlo, o no hacer ni una cosa ni otra –la falta de movimientos se penaliza-, disponer de una tarjeta de crédito, hacer uso de ella en cajeros automáticos y comercios, cobrar un cheque, realizar una transferencia y otro largo etcétera de operaciones bancarias que puede llegar hasta el medio millar cuestan dinero al usuario. […]Han subido una media del 6’1%, es decir, 7’5 puntos por encima de la inflación registrada en España en el mismo periodo, que se encuentra en el nivel más bajo de la historia con un -1’4%”.
¡ Pero, bueno !,… ¿pero los gobiernos no habían tomado medidas para controlar a los bancos? ¿Acaso los panaderos y supermercados podrían ponerse de acuerdo para vender la barra de pan a 1.000 euros en nombre de la libertad del comercio y el estado no intervendría? ¿Es normal que tú me prestes dinero y además me pagues por prestármelo? Yo creía que era al revés.
Sí, los gobiernos han tomado medidas de supervisión y blablableo, pero sólo para evitar que los bancos vuelvan a explotar y nos arrastren a todos y encima tengamos que subvencionarlos con dinero público.
Pero en cuanto a controlar sus beneficios escandalosos, evitar el robo y la usura, actuar contra las “cláusulas abusivas” o establecer precios máximos razonables por sus servicios (reales y supuestos), nada de nada.
“El Mundo”, 2 de septiembre de 2009: “Los bancos españoles ganaron más de 8.500 millones de euros hasta junio”, es decir, en 6 meses.
No os asustéis, que es un “12’1% menos que en 2008”. ¡ Los pobres !
Y hablando de pobres, “20 Minutos”, 24 de septiembre de 2009: “La agencia humanitaria Oxfam denunció que, cada minuto, alrededor de 100 personas en el mundo se hunden en la pobreza como consecuencia de la crisis global”.
Pero volvamos a lo otro: ¿Qué hacer cuando los bancos nos atracan?
Pues muy fácil: “El Correo”: “Las quejas y reclamaciones se han disparado. Dirigidas primero ante las propias entidades, dado el escaso éxito que suelen tener con ellas, los clientes descontentos las canalizan hacia las diversas organizaciones de consumidores”.
¿Y? Y nada, que el robo legal es legal. E incluso el ilegal es legal: “El presidente de la Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios (Ausbanc), Luis Pineda, sostiene que el cobro de comisiones por descubierto en cuenta es ilegal”. Bueno, pues este cobro ilegal ha subido “un 14’8% este año, pasando de los 9’25 euros hace un año a los 10’62 de hoy en día”. Negocio redondo cuando los descubiertos en cuenta “se han multiplicado en los últimos meses por los apuros de muchas familias y también empresas para hacer frente a sus pagos en este contexto de crisis”.
“Cada español paga una media de 274’77 euros al año en concepto de comisiones por una operación bancaria básica (mantenimiento de cuentas, tarjetas y transferencias)”.
Nos queda una última opción: protestar al Banco de España, ¡ oh !
“Una vez recibida la protesta, el Servicio de Reclamaciones de esta institución tiene 4 meses para emitir un informe –que no es vinculante- sobre la misma”. O sea, nada de nada.
El café me estaba sentando mal, así que me pasé a las páginas de famoseo para descubrir los sueldos de 2 estrellas del deporte: Cristiano Ronaldo y José Ignacio Goirigolzarri –que debe de ser muy vasco porque ya se sabe que el “vasquismo” se mide por grados y estos apellidos largos dan muchos puntos-.
El Real Madrid ha pagado 94 millones de euros al Manchester United para fichar a Ronaldo. La mayoría de la gente lo considera escandaloso, y más en estos tiempos. Pero los defensores del libre mercado alegan que está justificado porque Ronaldo genera beneficios al club en contratos publicitarios y con medios de comunicación, aumento de socios, venta de camisetas, giras asiáticas, etc.
El segundo ariete, Goirigolzarri, no es del Athletic de Bilbao sino del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, alias BBVA, pero es un goleador de los negocios, un campeón con corbata, un pichichi de la especulación, una estrella de las comisiones.
Conocéis el BBVA, claro. Yo también, desgraciadamente: son los que el año pasado pretendían cobrarme “mínimo 15 euros de comisión” por pagarme un cheque de 13 euros de ellos mismos. Total, que les debía yo 2 euros..y no sabía muy bien qué hacer porque el cheque era muy pequeño para limpiarme el culo con él.
“José Ignacio Goirigolzarri, de 55 años, deja el cargo de consejero delegado del BBVA por jubilación anticipada con una pensión de 3 millones de euros anuales de por vida (unos 500 millones al año de “las antiguas pesetas”). No cobrará ningún tipo de indemnización por cese, ya que se va de mutuo acuerdo con la entidad. Es decir, que no recibirá los casi 70 millones de euros de compensación fijados por el banco para aquellos consejeros ejecutivos que se ven forzados a abandonarlo. La remuneración que le queda será algo inferior a la que cobraba en la actualidad por su trabajo en el BBVA, ya que el pasado año ingresó 4’6 millones de euros entre las retribuciones fijas y las variables. Y 4’08 millones en 2007; 3’6 en 2006 y 3’31 en 2005”.
También se podrá aducir que si este…señor, que no me salía la palabra, cobraba tamaña inmoralidad era porque generaba enormes ganancias a su empresa.
Pues sí. Pero lo mismo podría decirse de los capos del cartel de Medellín, que además crean numerosos puestos de trabajo por todo el mundo.
Que en este mundo, como dice el tango, “si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que seas cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón. Que falta de respeto, que atropello a la razón, cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón(…). No pienses más, sentate a un lao, que a nadie importa si naciste honrao. Es lo mismo el que labura noche y día como un buey que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley” (Cambalache).
Así que es lo mismo ganar dinero honradamente que quitándole 274’77 euros a cada cliente.
Esta claro que los gobiernos no van a parar a esta gentuza, ¿por qué será?
Ni siquiera te queda la secreta e inconfesable satisfacción experimentada al saber que alguien (normalmente los “borrokas”, que son lo que gozan de impunidad para hacerlo, que a nosotros nos detendrían y nos harían pagarlo con creces) ha quemado un cajero automático; porque eso lo arregla el bancomierda subiéndote las comisiones.
El único consuelo que te queda es el de recuperar de vez en cuando 8 euros de las garras de estos respetables señores.
Hazlo. Es ecológico.
Juro por San Abraham Usurero, patrono de los banqueros, que se me ocurren millones de sitios mejores para ir durante mis vacaciones que las asépticas oficinas de un putobanco.
Pero resulta que me molesta que una institución a la que le presto mi dinero amablemente pretenda cobrarme por hacerlo. Como dice el castizo refrán, encima de puta pongo la cama.
Así que me dirijo renqueante al templo de los mercaderes y lo primero que escucho es otra castiza expresión española: “Es que el director no está en este momento”.
Tengo la suerte de ser uno de los pocos españoles que no posee una casa y por lo tanto una hipoteca; así que decido hablar con el cambista como el cambista merece: “¿Me puedes explicar qué gastos de mantenimiento tiene el banco a causa de mi tarjeta de crédito? ¿Es para pagar la electricidad del cajero automático o el plástico de la tarjeta?”
El comerciante de dinero me explica, “bueno, a veces hay gastos que los clientes no sabéis”.
Joder, pues precisamente por eso te lo estoy preguntando.
Bueeeno, también tengo la suerte de que haya más bancos que cucarachas, por lo que le exijo al caballero que me quite la comisión.
Y lo hace. Porque prefiere que no me vaya a otro banco y sabe que a mí me da igual si tengo que elegir entre la mierda de gato y la mierda de gata.
Y así hasta el próximo trimestre en que intentarán colocarme otra vez la comisión.
Con los 8 euros que he rescatado en el antro de los prestamistas, en la cueva de Alí Babá, me compro el periódico y me voy a tomar un café….
“El Correo”, 16 de agosto de 2009: “Las comisiones bancarias suben más de un 6% en un año”. “Tener una cuenta corriente o una libreta a la vista, sacar dinero de ella, también ingresarlo, o no hacer ni una cosa ni otra –la falta de movimientos se penaliza-, disponer de una tarjeta de crédito, hacer uso de ella en cajeros automáticos y comercios, cobrar un cheque, realizar una transferencia y otro largo etcétera de operaciones bancarias que puede llegar hasta el medio millar cuestan dinero al usuario. […]Han subido una media del 6’1%, es decir, 7’5 puntos por encima de la inflación registrada en España en el mismo periodo, que se encuentra en el nivel más bajo de la historia con un -1’4%”.
¡ Pero, bueno !,… ¿pero los gobiernos no habían tomado medidas para controlar a los bancos? ¿Acaso los panaderos y supermercados podrían ponerse de acuerdo para vender la barra de pan a 1.000 euros en nombre de la libertad del comercio y el estado no intervendría? ¿Es normal que tú me prestes dinero y además me pagues por prestármelo? Yo creía que era al revés.
Sí, los gobiernos han tomado medidas de supervisión y blablableo, pero sólo para evitar que los bancos vuelvan a explotar y nos arrastren a todos y encima tengamos que subvencionarlos con dinero público.
Pero en cuanto a controlar sus beneficios escandalosos, evitar el robo y la usura, actuar contra las “cláusulas abusivas” o establecer precios máximos razonables por sus servicios (reales y supuestos), nada de nada.
“El Mundo”, 2 de septiembre de 2009: “Los bancos españoles ganaron más de 8.500 millones de euros hasta junio”, es decir, en 6 meses.
No os asustéis, que es un “12’1% menos que en 2008”. ¡ Los pobres !
Y hablando de pobres, “20 Minutos”, 24 de septiembre de 2009: “La agencia humanitaria Oxfam denunció que, cada minuto, alrededor de 100 personas en el mundo se hunden en la pobreza como consecuencia de la crisis global”.
Pero volvamos a lo otro: ¿Qué hacer cuando los bancos nos atracan?
Pues muy fácil: “El Correo”: “Las quejas y reclamaciones se han disparado. Dirigidas primero ante las propias entidades, dado el escaso éxito que suelen tener con ellas, los clientes descontentos las canalizan hacia las diversas organizaciones de consumidores”.
¿Y? Y nada, que el robo legal es legal. E incluso el ilegal es legal: “El presidente de la Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios (Ausbanc), Luis Pineda, sostiene que el cobro de comisiones por descubierto en cuenta es ilegal”. Bueno, pues este cobro ilegal ha subido “un 14’8% este año, pasando de los 9’25 euros hace un año a los 10’62 de hoy en día”. Negocio redondo cuando los descubiertos en cuenta “se han multiplicado en los últimos meses por los apuros de muchas familias y también empresas para hacer frente a sus pagos en este contexto de crisis”.
“Cada español paga una media de 274’77 euros al año en concepto de comisiones por una operación bancaria básica (mantenimiento de cuentas, tarjetas y transferencias)”.
Nos queda una última opción: protestar al Banco de España, ¡ oh !
“Una vez recibida la protesta, el Servicio de Reclamaciones de esta institución tiene 4 meses para emitir un informe –que no es vinculante- sobre la misma”. O sea, nada de nada.
El café me estaba sentando mal, así que me pasé a las páginas de famoseo para descubrir los sueldos de 2 estrellas del deporte: Cristiano Ronaldo y José Ignacio Goirigolzarri –que debe de ser muy vasco porque ya se sabe que el “vasquismo” se mide por grados y estos apellidos largos dan muchos puntos-.
El Real Madrid ha pagado 94 millones de euros al Manchester United para fichar a Ronaldo. La mayoría de la gente lo considera escandaloso, y más en estos tiempos. Pero los defensores del libre mercado alegan que está justificado porque Ronaldo genera beneficios al club en contratos publicitarios y con medios de comunicación, aumento de socios, venta de camisetas, giras asiáticas, etc.
El segundo ariete, Goirigolzarri, no es del Athletic de Bilbao sino del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, alias BBVA, pero es un goleador de los negocios, un campeón con corbata, un pichichi de la especulación, una estrella de las comisiones.
Conocéis el BBVA, claro. Yo también, desgraciadamente: son los que el año pasado pretendían cobrarme “mínimo 15 euros de comisión” por pagarme un cheque de 13 euros de ellos mismos. Total, que les debía yo 2 euros..y no sabía muy bien qué hacer porque el cheque era muy pequeño para limpiarme el culo con él.
“José Ignacio Goirigolzarri, de 55 años, deja el cargo de consejero delegado del BBVA por jubilación anticipada con una pensión de 3 millones de euros anuales de por vida (unos 500 millones al año de “las antiguas pesetas”). No cobrará ningún tipo de indemnización por cese, ya que se va de mutuo acuerdo con la entidad. Es decir, que no recibirá los casi 70 millones de euros de compensación fijados por el banco para aquellos consejeros ejecutivos que se ven forzados a abandonarlo. La remuneración que le queda será algo inferior a la que cobraba en la actualidad por su trabajo en el BBVA, ya que el pasado año ingresó 4’6 millones de euros entre las retribuciones fijas y las variables. Y 4’08 millones en 2007; 3’6 en 2006 y 3’31 en 2005”.
También se podrá aducir que si este…señor, que no me salía la palabra, cobraba tamaña inmoralidad era porque generaba enormes ganancias a su empresa.
Pues sí. Pero lo mismo podría decirse de los capos del cartel de Medellín, que además crean numerosos puestos de trabajo por todo el mundo.
Que en este mundo, como dice el tango, “si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que seas cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón. Que falta de respeto, que atropello a la razón, cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón(…). No pienses más, sentate a un lao, que a nadie importa si naciste honrao. Es lo mismo el que labura noche y día como un buey que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley” (Cambalache).
Así que es lo mismo ganar dinero honradamente que quitándole 274’77 euros a cada cliente.
Esta claro que los gobiernos no van a parar a esta gentuza, ¿por qué será?
Ni siquiera te queda la secreta e inconfesable satisfacción experimentada al saber que alguien (normalmente los “borrokas”, que son lo que gozan de impunidad para hacerlo, que a nosotros nos detendrían y nos harían pagarlo con creces) ha quemado un cajero automático; porque eso lo arregla el bancomierda subiéndote las comisiones.
El único consuelo que te queda es el de recuperar de vez en cuando 8 euros de las garras de estos respetables señores.
Hazlo. Es ecológico.
16 octubre 2009
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