15 octubre 2012
12 octubre 2012
12 de Octubre, "Día de la Hispanidad".
"Día de la Hispanidad", no sé si sigue llamándose así, pero quizás habría que pensar en celebrar algo más digno que el inicio de una colonización sangrienta; quizás habría que cambiar el discurso que pretende que les hicimos un favor dándoles nuestra lengua y nuestra civilización -tiene cojones- y además vieron la luz del Dios verdadero.
En este "acto generoso" participaron muchos vascos, aunque a los descendientes de Sabino Arana, alias el super-rancio, se les haya olvidado; pero esto era sólo un inciso.
Hispanidad..¿y eso qué es? Debe de ser la esencia de lo hispano, el elixir de los valores éticos que nos caracterizan. Viva la Pilarica, el "que inventen ellos", la España de charanga y pandereta, el cartel de los Zetas, Sálvame de Luxe, la Roja, Els Segadors, el PPSOE, la corrupción, Marío Benedetti, la Letizia y la codicia. Y eso tan español de pensar que "como aquí, es que no se vive en ningún lao". Y eso otro tan español de no querer ser español.
Hoy se celebra todo esto en las embajadas de España en todo el mundo, en los palacios obscenos desde donde los privilegiados ven la crisis de lejos, de muy lejos, de muy alto.
No tengo ganas de ir porque en España ahora mismo no hay nada que celebrar. Prefiero esperar al día, ojalá cercano, en que nos desembaracemos de los corruptos y de los enchufados, cuando ya nadie pase hambre en España ni nadie viva en palacios gratis. Cuando unos tengan dinero para comprar jamón y otros vergüenza para no comer el jamón ajeno.
Entonces sí habrá algo que celebrar y algo de lo que estar orgullosos.
En este "acto generoso" participaron muchos vascos, aunque a los descendientes de Sabino Arana, alias el super-rancio, se les haya olvidado; pero esto era sólo un inciso.
Hispanidad..¿y eso qué es? Debe de ser la esencia de lo hispano, el elixir de los valores éticos que nos caracterizan. Viva la Pilarica, el "que inventen ellos", la España de charanga y pandereta, el cartel de los Zetas, Sálvame de Luxe, la Roja, Els Segadors, el PPSOE, la corrupción, Marío Benedetti, la Letizia y la codicia. Y eso tan español de pensar que "como aquí, es que no se vive en ningún lao". Y eso otro tan español de no querer ser español.
Hoy se celebra todo esto en las embajadas de España en todo el mundo, en los palacios obscenos desde donde los privilegiados ven la crisis de lejos, de muy lejos, de muy alto.
No tengo ganas de ir porque en España ahora mismo no hay nada que celebrar. Prefiero esperar al día, ojalá cercano, en que nos desembaracemos de los corruptos y de los enchufados, cuando ya nadie pase hambre en España ni nadie viva en palacios gratis. Cuando unos tengan dinero para comprar jamón y otros vergüenza para no comer el jamón ajeno.
Entonces sí habrá algo que celebrar y algo de lo que estar orgullosos.
11 octubre 2012
Obligados a soportar a ineptos.
Un compañero mío admira la profesión de político. Piensa que la mayoría de ellos son gente honrada y con vocación que aspira a mejorar la sociedad y que se sacrifica para ello.
Yo sospecho que mi compañero padece de un trauma infantil, o, mejor dicho, que cuando era niño le metieron esa idea en la cabeza, como a otros les inculcan la caza, el Real Madrid o el nacionalismo.
Por eso los casos de corrupción política que aparecen en España cada día de cada semana de cada mes de cada año, no le afectan ni lo más mínimo: piensa que mil son "casos aislados"; y diez mil y cien mil y un millón. No se da cuenta de que ese millón de corruptos es sólo la punta del iceberg, los que pillan -aunque casi nunca castiguen-.
No cuenta entre la basura política a los asesores, a los consejeros, a los primos, cuñaos y demás listos que llegan a los cargos sin examen, sin concurso, sin preparación, sin méritos y sin vergüenza; no los cuenta porque el amiguismo es legal en España y lo que es legal es bueno, aunque las leyes las hagan precisamente estos listillos.
A mi amigo le encantaría ser político para sentir sinceramente que está imponiendo por nuestro bien una sociedad de buenos ciudadanos recicladores que se emborrachan hasta las 23'30.
Está convencido de que en España -estado democrático formado por varias naciones, según él- cualquiera puede ser político si así lo desea, y honesta y humildemente ascender en el escalafón hasta llegar a puestos de responsabilidad política.
Defiende la estrafalaria idea de que, si no te gusta ninguno de los partidos dominantes, siempre puedes crear tú uno que convenza a la ciudadanía y compita de igual a igual con las máquinas bien untadas de las mafias, perdón, de los partidos. Y es que para hacer un equipo sólo necesitas 11 jugadores y un balón de trapo, y a jugar la "Champion" con el Madrí.
Cree incluso el susodicho que en España hay un amplio abanico político para elegir y que entre los distintos partidos existen diferencias extraordinarias.
Todo muy bien y muy bonito.
Y hasta podría ser cierto si la democracia española no estuviera degenerada.
Porque ahí está toda la diferencia, en los mecanismos de los que se dota un país para asegurarse de que sus gobernantes sean los más honestos, inteligentes y preparados, en lugar de los más trepas y mentirosos.
Y la mentalidad española -la de todas sus naciones sin excepción- no favorece que sean los más capaces los que accedan a los altos cargos, sino los más ambiciosos, los que menos escrúpulos tienen, los que manejan contactos o los que estaban en el buen momento en el buen lugar.
Sólo hay que mirar y escuchar un momento a Rajoy, a Rubalcaba y a los otros, para saber a cuál de las 2 categorías pertenecen.
Yo sospecho que mi compañero padece de un trauma infantil, o, mejor dicho, que cuando era niño le metieron esa idea en la cabeza, como a otros les inculcan la caza, el Real Madrid o el nacionalismo.
Por eso los casos de corrupción política que aparecen en España cada día de cada semana de cada mes de cada año, no le afectan ni lo más mínimo: piensa que mil son "casos aislados"; y diez mil y cien mil y un millón. No se da cuenta de que ese millón de corruptos es sólo la punta del iceberg, los que pillan -aunque casi nunca castiguen-.
No cuenta entre la basura política a los asesores, a los consejeros, a los primos, cuñaos y demás listos que llegan a los cargos sin examen, sin concurso, sin preparación, sin méritos y sin vergüenza; no los cuenta porque el amiguismo es legal en España y lo que es legal es bueno, aunque las leyes las hagan precisamente estos listillos.
A mi amigo le encantaría ser político para sentir sinceramente que está imponiendo por nuestro bien una sociedad de buenos ciudadanos recicladores que se emborrachan hasta las 23'30.
Está convencido de que en España -estado democrático formado por varias naciones, según él- cualquiera puede ser político si así lo desea, y honesta y humildemente ascender en el escalafón hasta llegar a puestos de responsabilidad política.
Defiende la estrafalaria idea de que, si no te gusta ninguno de los partidos dominantes, siempre puedes crear tú uno que convenza a la ciudadanía y compita de igual a igual con las máquinas bien untadas de las mafias, perdón, de los partidos. Y es que para hacer un equipo sólo necesitas 11 jugadores y un balón de trapo, y a jugar la "Champion" con el Madrí.
Cree incluso el susodicho que en España hay un amplio abanico político para elegir y que entre los distintos partidos existen diferencias extraordinarias.
Todo muy bien y muy bonito.
Y hasta podría ser cierto si la democracia española no estuviera degenerada.
Porque ahí está toda la diferencia, en los mecanismos de los que se dota un país para asegurarse de que sus gobernantes sean los más honestos, inteligentes y preparados, en lugar de los más trepas y mentirosos.
Y la mentalidad española -la de todas sus naciones sin excepción- no favorece que sean los más capaces los que accedan a los altos cargos, sino los más ambiciosos, los que menos escrúpulos tienen, los que manejan contactos o los que estaban en el buen momento en el buen lugar.
Sólo hay que mirar y escuchar un momento a Rajoy, a Rubalcaba y a los otros, para saber a cuál de las 2 categorías pertenecen.
09 octubre 2012
07 octubre 2012
05 octubre 2012
02 octubre 2012
30 septiembre 2012
28 septiembre 2012
Un gobierno ilegítimo y mediocre.
Algunos miembros del actual gobierno español comparan las manifestaciones frente al Congreso de los Diputados con el golpe de estado encabezado por Tejero, el de "¡se sienten, coño!". Hay que carecer de vergüenza para hacer esa comparación, es decir, lo normal en ellos. Sin embargo la acusación no parece muy grave viniendo de gente tan poco creíble y tan poco preparada, gente que está en el gobierno de España, exclusivamente porque medraron en su partido y porque los españoles ya no aguantaban más a los seudo-socialistas; poco bagaje para tan ardua tarea de sacar a España de la crisis que nos regalaron los amigos de Ansar.
Puestos a hacer comparaciones odiosas, se podría tal vez decir que la política de recortes de esta pandilla la podría llevar a cabo un niño de 8 años que supiera sumar y, sobre todo, restar: te resto 5 y me llevo 4.
Que el ministro de economía (y lo escribo con las minúsculas que merece) está tan lejos del Premio Nobel de Economía como su sensibilidad de la del pueblo español, es decir, a años luz.
Llevarse el 20% de los premios de las loterías podría ser comparado con una "sustracción" al comprador del décimo, aunque la del gobierno se haga a mano armada de decretazo y ordenador a cuenta del dinero público, y a cara (dura) descubierta. Pensar que el gobierno va a emplear ese 20% en mejorar el empleo, la sanidad y la educación, es comparable a creer que Mariano Rajoy podría tener un espléndido futuro como humorista o bailarín sexi.
Comparar el derecho a la manifestación y a la expresión libre con un atentado al estado de derecho es como comparar la democracia con la dictadura. Decir que esas manifestaciones dan mala imagen de España recuerda al personaje del Lazarillo, aquel niño que se asustaba al ver a su padre porque era negro; y eso sucedía porque el pobre chaval no tenía espejo para ver su propio color.
Afirmar que un gobierno es legítimo solamente porque ha ganado unas elecciones, es confundir la cáscara con el huevo, porque un gobierno que gana las elecciones con un programa y unas promesas que no cumple, para lo único que está moralmente legitimado es para dimitir.
Puestos a hacer comparaciones odiosas, se podría tal vez decir que la política de recortes de esta pandilla la podría llevar a cabo un niño de 8 años que supiera sumar y, sobre todo, restar: te resto 5 y me llevo 4.
Que el ministro de economía (y lo escribo con las minúsculas que merece) está tan lejos del Premio Nobel de Economía como su sensibilidad de la del pueblo español, es decir, a años luz.
Llevarse el 20% de los premios de las loterías podría ser comparado con una "sustracción" al comprador del décimo, aunque la del gobierno se haga a mano armada de decretazo y ordenador a cuenta del dinero público, y a cara (dura) descubierta. Pensar que el gobierno va a emplear ese 20% en mejorar el empleo, la sanidad y la educación, es comparable a creer que Mariano Rajoy podría tener un espléndido futuro como humorista o bailarín sexi.
Comparar el derecho a la manifestación y a la expresión libre con un atentado al estado de derecho es como comparar la democracia con la dictadura. Decir que esas manifestaciones dan mala imagen de España recuerda al personaje del Lazarillo, aquel niño que se asustaba al ver a su padre porque era negro; y eso sucedía porque el pobre chaval no tenía espejo para ver su propio color.
Afirmar que un gobierno es legítimo solamente porque ha ganado unas elecciones, es confundir la cáscara con el huevo, porque un gobierno que gana las elecciones con un programa y unas promesas que no cumple, para lo único que está moralmente legitimado es para dimitir.
24 septiembre 2012
20 septiembre 2012
18 septiembre 2012
16 septiembre 2012
13 septiembre 2012
12 septiembre 2012
10 septiembre 2012
08 septiembre 2012
06 septiembre 2012
03 septiembre 2012
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





