15 noviembre 2017

Un libro, una cita: "El Juego del Ángel".

-"Vidal es un sentimental que todavía cree en esas leyendas profundamente antiespañolas como la meritocracia o el dar oportunidades al que las merece y no al enchufado de turno".

(Carlos Ruiz Zafón).

09 noviembre 2017

Un libro, una cita: "Allez roulez!".

"- No hablas español, ¿no?

 - No sé más que 4 ó 5 palabras.

 - Quizá sea mejor para ti".

(Carter Brown).

03 noviembre 2017

Un libro, una cita: "Leyenda de las tablillas que cantan".

"...yo que si hablo hago el presente, si callo hago el pasado y si hablo dormido hago el futuro..."

(Miguel Ángel Asturias).

28 octubre 2017

Un libro, una cita: "14ème Nocturne".

"Es como en todas partes: cuando uno es gilipollas al principio, uno es gilipollas al final".

(Tito Topin).

22 octubre 2017

Un libro, una cita: "Bad Chili".

"Me preguntaba también adónde se había ido mi juventud".

(Joe R. Lansdale).

16 octubre 2017

Un libro, una cita: "Éliminatoires".

"Un sentimiento de soledad lo invadió otra vez; de soledad y de amargura, pero no duró más que un segundo, y desapareció tan rápido como había venido [...] Una bonita noche, sin duda...".

(Jim Thompson).

10 octubre 2017

Un libro, una cita: "Los Cuadernos de Don Rigoberto".

"Entiendo que el espectáculo de la bandera flameando al viento le produce palpitaciones, y, la música y la letra del himno [...], ese cosquilleo en las venas y retracción y erizamiento de los vellos que llaman emoción. La palabra patria (que usted escribe siempre con mayúsculas) no la asocia con los versos irreverentes del joven Pablo Neruda

Patria,
palabra triste, 
como termómetro o ascensor

ni con la mortífera sentencia del Doctor Johnson (Patriotism is the last refuge of a scoundrel) sino con heroicas cargas de caballería, espadas que se incrustan en pechos de uniformes enemigos, toques de clarín, disparos y cañonazos que no son los de las botellas de champaña. Usted pertenece, según todas las apariencias, al conglomerado de machos y hembras que miran con respeto las estatuas de esos prohombres que adornan las plazas públicas y deploran que las caguen las palomas [...]. Señor, señora: en usted hay agazapada una fiera rabiosa que constituye un peligro para la humanidad.
Usted es un lastre viviente que arrastra la civilización desde los tiempos del caníbal tatuado, perforado y de estuche fálico, el mágico prerracional que zapateaba para atraer la lluvia y manducaba el corazón de su adversario a fin de robarle la fuerza. En verdad, detrás de sus arengas y oriflamas en exaltación de ese pedazo de geografía mancillada por hitos y demarcaciones arbitrarias, en las que usted ve personificada una forma superior de la historia y de la metafísica social, no hay otra cosa que el astuto aggiornamiento del antiquísimo miedo primitivo a independizarse de la tribu, a dejar de ser masa, parte, y convertirse en individuo, añoranza de aquel antecesor para el que el mundo comenzaba y terminaba dentro de los confines de lo conocido, el claro del bosque, la caverna oscura, la meseta empinada, ese enclave pequeñito donde compartir la lengua, la magia, la confusión, los usos, y, sobre todo, la ignorancia y los miedos de su grupo, le daba valor y lo hacía sentirse protegido contra el trueno, el rayo, la fiera y las otras tribus del planeta. Aunque, desde aquellos remotos tiempos, hayan transcurrido siglos y se crea usted, porque lleva saco y corbata o falda tubo y se hace liftings en Miami, muy superior a ese ancestro de taparrabos de corteza de tronco y labio y nariz de colgantes prendedores, usted es él y ella es usted. El cordón umbilical que los enlaza a través de las centurias se llama pavor a lo desconocido, odio a lo distinto, rechazo a la aventura, pánico a la libertad y a la responsabilidad de inventarse cada día, vocación de servidumbre a la rutina, a lo gregario, rechazo a descolectivizarse para no tener que afrontar el desafío cotidiano que es la soberanía individual. En aquellos tiempos, el indefenso comedor de carne humana, sumido en una ignorancia metafísica y física, tenía cierta justificación de negarse a ser independiente, creativo y libre; en éstos, en que se sabe ya todo lo que hace falta saber y algo más, no hay razón valedera para empeñarse en ser un esclavo y un irracional. Este juicio le parecerá severo, extremado, ante lo que para usted no es sino un virtuoso e idealista sentimiento de solidaridad y amor con el terruño y los recuerdos ("la tierra y los muertos", según el antropoide francés señor Maurice Barrés), ese marco de referencias ambientales y culturales sin el cual un ser humano se siente vacío. Yo le aseguro que esa es una cara de la moneda patriótica; la otra, el revés de la exaltación de lo propio, es la denigración de lo ajeno, la voluntad de humillar y derrotar a los demás, a los que son diferentes de usted porque tienen otro color de piel, otra lengua, otro dios y hasta otra indumentaria y otra dieta".

(Mario Vargas Llosa).