30 diciembre 2008

Regocijos.

Me regocijo al comprobar que las líneas aéreas checas, Czeck Airlines, continúan tratando a sus señores pasajeros como Dios manda y, en lugar de plástico y cartón, nos sirven la comida con unos cubiertos estupendos que deben de ser por lo menos de acero inoxidable: cuchara, cuchillo y tenedor, sí señor, basta de mierda yanqui de usar y tirar.
Estoy seguro de que una compañía estatal de un país europeo no hará cosas ilegales que atenten contra nuestra sagrada integridad y seguridad.
Estoy seguro asimismo de que las “autoridades” que nos controlan el pasaporte dieciséis veces con el objetivo principal de molestarnos y hacernos perder el tiempo; esos burócratas despóticos que nos obligan a quitarnos el cinturón, los zapatos y el abrigo y a ponernos manos arriba para ser registrados una y otra vez en nombre de una supuesta lucha antiterrorista; esos europedos americanizados que nos expolian de botellines de agua, champús, limas y cortaúñas, cremas y cualquier otra cosa que les salga de sus dictatoriales huevos; esos gobernantes ejemplares –ya llego- son conscientes de que los cubiertos metálicos en un avión destruyen todo el discurso cansino de que nos controlan y nos tratan como a una mierda por nuestra propia seguridad.
Que una cosa es la seguridad y otra, muy distinta, el control estúpido y abusivo.
Y aunque me regocijo, me temo que la mayoría de los buenos ciudadanos seguirá creyendo que con estos “leves ataques a su dignidad” su vida es más segura.
En cuanto a los terroristas, les recomiendo urgentemente un psiquiatra que les cure esa obsesión extraña de querer poner bombas, dale que dale, precisamente en los lugares públicos más controlados del mundo, los aeropuertos…joder qué manía.

27 diciembre 2008

Cobardes.




En homenaje a los 145 asesinados y a los 310 heridos cobardemente en Gaza...y para los cientos que van a ser asesinados también cobardemente en los próximos días.


Tenéis la fuerza y el permiso de los que os patrocinan.


Pero dais asco.

15 diciembre 2008

La felicidad.

"Cincuenta años han pasado desde que soy Califa. Tesoros, honores, placeres, he gozado de todo, he agotado todo. Los reyes rivales me estiman, me temen, me envidian. Todo lo que los hombres desean me ha sido concedido por el Cielo.
Durante este largo espacio de aparente felicidad, yo he calculado el número de los días en los que me he sentido feliz: este número asciende a catorce.
Mortales, apreciad de esta manera la grandeza, el mundo y la vida..."

Abdel Rahman III
Califa de Córdoba-s.XI

Nada nuevo bajo el sol.

La ascensión de los Mamelucos al poder se producirá sin incidentes notables; para la masa del pueblo, todos los amos valen, y si acaso uno de estos amos se revela peor que todos los otros, serán los nobles, los privilegiados o los soldados los que se encargarán de poner orden; en cuanto al pueblo, hace muchísimo tiempo [...] que ha olvidado la revolución, o incluso la simple revuelta.

René Kalisky refiriéndose al s. XIII.

14 diciembre 2008

La cobardía viene por el aire.

En Oslo se ha llegado a un acuerdo para prohibir la fabricación, la venta y el uso de las bombas de submunición o bombas de racimo, esos engendros criminales destinados a matar población civil.
Así lo han acordado unos cien países, es decir, la mitad de los que existen.
Pequeño detalle: no han firmado el tratado los países que más las fabrican, venden y utilizan: dictaduras como China, regímenes autoritarios con barniz de democracia como Rusia, y democracias degeneradas como Estados Unidos e Israel.
Los Estados Unidos de Obama Burger King, perdón, Luther King, incluso han intentado, con toda su hipocresía e impudor habituales, que Afganistán –que ha sufrido y sufre los bombardeos estadounidenses- no participe en el pacto.
No sé, no hay más que decir. Aquí termina el artículo.

10 diciembre 2008

¡Qué escándalo!

¡Qué escándalo!
Resulta que la reina de Inglaterra se ha puesto 2 veces la misma ropa…¡Pero adónde vamos a ir a parar!
Los periodistas, que son unos linces, han advertido que el vestido que llevaba esa señora el otro día en un acto público ya lo había lucido –es un decir- hace algunos años en otra ocasión.
Triste trabajo el de periodista –también es un decir, lo de periodista- del famoseo ñoño.
Al parecer es una tradición que la reina no repita nunca ropa. Ella misma también es una tradición.
Y la noticia aparece en los telediarios; por supuesto sin el más mínimo asomo de amago de intento de sombra de crítica. Al contrario, nos vienen a decir que es muy simpático el gesto y que demuestra una campechanía y un buen rollito sólo superados por nuestras cada vez más numerosas altezas o harturas reales borbónicas.
Los seudoperiodistas incluso se compadecen de la pobre y nos informan de que puede ser signo de apuros, puesto que gran parte de sus bienes son inversiones en bolsa y en especulación basurera.
Aún hay más: quizá, dice el telediario, el acto de repetir vestido es un símbolo y un grandioso ejemplo para mostrar a los súbditos de su ¿graciosa? majestad que “hay que apretarse el cinturón” ante la crisis.
Hasta es posible que los vestidos usados se donen a obras de caridad, sin lavarlos, que están como nuevos y además los pijos sudan Chanel number three, que diría Rubén Blades. Pero si esto fuera cierto los pobres ingleses –porque creo que también hay pobres en Inglaterra, oh my god- llevarían pamelas de colores, y eso yo no lo he visto en la tele.
Lo escandaloso de verdad es que entre tantos miles de trajes no haya uno que no sea una horterada.
Hace unos días alguien me reprochaba mi mentalidad “de clase media”.
Lo acepto, me avergüenzo e inclino la cabeza –pero no ante ningún reyezuelo-: la clase media es mediocre pero ojalá, al menos en las democracias, no hubiera ni pobres ni parásitos que estrenan ropa cada día de su vida.